La necesidad de validar la propia biografía


….. Intenta situarte enfrente de un espejo y obsérvate con detenimiento. Fíjate bien en la persona que estás viendo y dedícate durante un tiempo a pensar en todo lo que habéis vivido juntos. Estás frente al reflejo de tu propia identidad, de tu Yo, resultado de toda esa mochila de aprendizajes realizados gracias a esos recuerdos, experiencias y anécdotas que lleváis a vuestras espaldas.

Nuestros recuerdos, según la neurobióloga Courtney Miller, nos hacen quienes somos, aunque algunos de estas memorias pasadas pueden hacernos la vida muy difícil. Somos el producto de todo aquello que hemos vivido, tanto de las experiencias positivas como negativas, de nuestra familia de origen, de todas las personas que pasaron y permanecen en nuestras vidas, de nuestras parejas, de las batallas libradas, con sus victorias y derrotas; eres producto de todo lo que te ha estado rodeando a lo largo de tu vida… somos todo eso y lo que hemos aprendido a hacer con todas estas experiencias. Esos aprendizajes forman parte de tus recursos actuales pero también de algunas de tus limitaciones, fruto de asuntos no resueltos o “traumas”. Es habitual que cuando una persona inicia terapia arrastre pequeños o grandes “traumas”. Los traumas son esas experiencias doloras que se han “enquistado” en tu sistema nervioso y que al recordarlas directa o indirectamente a través de estímulos asociados a la experiencia traumática inicial, provocan malestar intenso en la persona, estableciéndose mecanismos de defensa para protegerse ante ese dolor (por ejemplo, huir de las emociones, del compromiso, o todo lo contrario, buscar su tranquilidad generando vínculos de dependencia en sus relaciones…). Si no trabajamos esas situaciones que originaron ese malestar inicial la persona continuará experimentando bloqueos en algún área de su vida. Es por este motivo por el que resulta imprescindible iniciar un proceso terapéutico en el que mediante la ayuda de tu terapeuta se aborda el sentido de la historia vital a través de diferentes técnicas en neuropsicología, como por ejemplo, la Línea de la Vida o el ICV- Integración de Ciclo Vital- que ayudan a procesar todos estos recuerdos, los dolorosos y los placenteros, facilitando el fortalecimiento del Yo y la superación de las limitaciones, transformándolas en nuevas herramientas o recursos. Es un trabajo profundo en el que se reprograman los circuitos neuronales que originan el malestar dando paso a nuevos canales de información en tu cerebro (nuevos aprendizajes) que conectan el pasado “doloroso” con el presente, otorgándole comprensión al dolor pasado y liberando a la persona de cualquier resquicio de malestar. Darle sentido a tu vida, a través de la toma de consciencia de la película de tu vida pasada, te aportará fortaleza, coraje y paz para seguir construyendo un presente saludable, serás consciente de todo aquello que te sirvió y de lo que necesitas reinventar, y sentirás la grandeza ante el profundo valor que tiene tu presente. Porque sin memoria, no hay pasado, no hay futuro, no hay vida.