El fracaso también es necesario

Como estamos en un momento complicado, hay varias tendencias de afrontamiento que se han puesto de moda. La cuestión no es lo que nos dan a entender, que puede ser cierto y realmente bueno, si no lo que entendemos de ello o algunos nos pueden hacer entender. A menudo nos refuerzan en que ‘querer es poder’ y hemos de ser sinceros: no es cierto. O por lo menos no en conjunto. Nos refuerzan para no rendirnos, seguir siempre adelante hipermotivados y no dar importancia a los sentimientos negativos. Como comentamos siempre, todos los sentimientos son importantes y necesarios, la frustración también.

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Cuando algo no ha podido ser o no ha salido como esperábamos tenemos rabia y tristeza y a menudo podemos sentir desánimo. Es parte de la vida. Ante la decepción, lo más útil no es ignorarlo y seguir adelante, sino pararse y respirar. Intentar consolarse, reflexionar y buscar dónde pueden haber estado los errores.

A veces las cosas que no pueden ser nos enseñan importantes lecciones sobre nosotros mismos. Tener demasiado miedo y no atreverse a emprender un proyecto de vida daña la autoestima, pero no aceptar las propias limitaciones también lo hace. Creer en uno mismo no supone tener que pensar que somos invencibles y si no somos un fracaso, es encontrar el equilibrio de lo que somos y lo que no.

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La aceptación auténtica de uno mismo no es intentar estar ‘a tope’ para demostrarnos (o quizá demostrar a los demás) que podemos con todo, sino encontrar lo que realmente nos llena e intentar hacerlo lo mejor que podamos. Lo que podamos de verdad, sin ponernos en riesgo y sabiendo donde está el límite.