Cuidarse para cuidar mejor

Cuando una persona se encuentra en situación de dependencia, ya sea por discapacidad, alguna enfermedad o por motivos relacionados con la edad, requiere de una serie de apoyos y cuidados de diferente índole e intensidad dependiendo de la situación, que en los casos más extremos puede suponer el precisar ayuda para todas las actividades de su vida cotidiana.

La relación de cuidado se da entre la persona que necesita dicho apoyo y la persona que se hace cargo de su cuidado, ya sea personal sanitario o familiares o amigos vinculados emocionalmente a la persona en situación de dependencia. Hoy me gustaría dedicar un espacio a estos últimos, los llamados cuidadores “informales” por no pertenecer al ámbito asistencial institucional.

A veces se trata de una situación temporal en la que se espera una recuperación de la persona en situación de dependencia y la respuesta de los familiares más cercanos puede ser volcarse en esta relación de ayuda, como un fuego que hay que apagar. Aún así, a veces de forma inesperada y otras más programada, la situación se cronifica y es entonces cuando el desgaste ocasionado por la relación de cuidado puede empezar a hacer mella en la vida de la persona que cuida.

El estrés es una respuesta natural de nuestro cuerpo que nos pone en alerta para afrontar una situación determinada a la que nos enfrentamos pero requiere de mucha energía para su mantenimiento, lo que sostenido en el tiempo nos puede llevar al desgaste, favoreciendo la aparición de fatiga, ansiedad y/o irritabilidad además de poder traducirse en problemas importantes de salud.

Ejercer el rol de cuidador supone implicarse en los cuidados personales, la organización de rutinas diarias, desarrollo de gestiones en organismos diversos y apoyo en casi todas las actividades cotidianas de la persona en situación de dependencia, lo que puede tener consecuencias a nivel tanto físico como psicológico en la persona que cuida y que deben tomarse en consideración para, precisamente poder situarse de forma saludable en dicha relación, lo que finalmente repercutirá en un mejor cuidado de la otra persona. Problemas del sueño, falta de energía y motivación, problemas de concentración y memoria y cambios de humor son ejemplos de señales que nos alertan de es el momento de “poner cartas en el asunto”.

¿Cómo podemos ayudarnos?

Llegado el punto, hay que tomar conciencia de que la situación no va a cambiar y de que debemos tomar las decisiones pertinentes en cuanto a opciones asistenciales. Si decidimos hacernos cargo personalmente del cuidado de la persona dependiente, es importante tener presente que también nosotros somos personas con unas necesidades a las que debemos prestar atención y dentro de las posibilidades de cada uno, encontrar espacios para nosotros mismos.

Reservar espacios para uno mismo

Un aspecto fundamental para ello es el poder organizar anteriormente las actividades y reservar espacios para uno mismo y las propias actividades que nos hagan sentir que en efecto tenemos una vida propia ajena al cuidado, para lo cual podemos requerir la ayuda de otras personas ya sean familiares o cuidadores formales que puedan relevarnos. Debemos esforzarnos para tener estos espacios de “aire” y permitirnos entrar en contacto con emociones positivas que podremos transmitir en la relación de cuidado y repercutirán en un mayor bienestar también de la otra persona. En este sentido puede que tengamos que tomar conciencia de la necesidad de aprender a pedir aquella ayuda que necesitamos para poder tener estos espacios, sin esperar a que salga de los demás, que no tienen por qué “adivinar” nuestras necesidades. Si no disponemos de una red social o familiar en la que nos podamos apoyar podemos considerar diferentes alternativas que nos pueden ofrecer los Servicios Sociales de referencia, para lo que sería oportuno concertar una entrevista con el trabajador social del centro más cercano, en el que también nos pueden facilitar diferentes ayudas técnicas.

Evitar el aislamiento

La relación de cuidado exige tanta inversión que a veces nuestra red social se ve deteriorada o restringida a dicha relación. Este aspecto favorece los sentimientos de desrealización y despersonalización, un día nos despertamos y recordamos cómo era nuestra vida anteriormente y tenemos una extraña sensación de que lo que vivimos no es del todo real sino como una especie de sueño. Puede ayudarnos el mantener espacios para las relaciones con amigos o familiares y también el establecer contacto con personas que están pasando por una situación similar. Somos seres sociales, y como tales, el contacto humano se vuelve una necesidad de primer orden.

Dar permiso a nuestras emociones

No podemos evitar tener emociones; son un mecanismo inherente a nuestra naturaleza, tienen un sentido evolutivo de adaptación al medio por cuanto nos aportan información del impacto de estímulos tanto externos como internos en nuestro cuerpo y mente. Dicho esto, cobra importancia qué hacemos con dichas emociones.

En una situación como la que nos ocupa, las emociones pueden presentarse de forma intensa y es indispensable tanto darnos permiso para expresarlas como aprender a gestionarlas . Podemos sentir tristeza por las diversas pérdidas a las que nos enfrentamos (entre ellas la de la vida que llevábamos antes de esta situación), pero a veces sentimos que debemos aguantar estoicamente porque hacemos la lectura de que podemos suponer una carga o incluso entristecer y preocupar a los demás, incluída la persona a quien cuidamos.

El miedo por cómo se van a desarrollar los acontecimientos también es habitual y el no poder hablar sobre ello puede llevarnos a anticipaciones o rumiaciones en forma de bucle, que nos pueden llevar a aumentar nuestra ansiedad.

También es natural experimentar rabia, aunque a veces no nos permitimos expresarla por sentir rechazo hacia esta emoción que tiene tan mala prensa: “no debería estar sintiendo esto”, lo que frecuentemente nos lleva a experimentar culpa. Tomar conciencia de que estamos experimentando esta emoción nos da la posibilidad de expresarla de forma saludable e identificar qué es lo que está provocando dicha rabia para poder gestionarla y expresarla sin que se nos gire en contra.

Todas las emociones son necesarias, es a través de la información que nos aportan que podemos tomar conciencia del estado en el que nos encontramos y así poder ocuparnos de este.

Experimentar las emociones sin juicio y poder compartirlas con otras personas, además de incorporar estrategias de gestión emocional nos aporta autoconocimiento y una mejor disposición a prestar atención a emociones más habitualmente catalogadas como “positivas”, que también se están dando pero que a veces no podemos reconocer o no nos permitimos experimentar por estar nuestro foco de atención centrado en los aspectos negativos.

Rutinas saludables

El mantener una buena alimentación, hacer ejercicio físico regular y unas pautas de sueño saludables nos ayuda a sentirnos mejor y poder enfrentarnos de forma más efectiva a las diferentes situaciones que debemos gestionar.

Si no disponemos de mucho tiempo libre podemos incorporar nuevas rutinas como ir andando a realizar las diferentes gestiones o quehaceres diarios, subir por las escaleras o realizar pautas de ejercicio en el propio hogar.

Para poder mantener pautas saludables de sueño y alimentación es indispensable organizarse con anterioridad y comprometerse con el autocuidado. Puede funcionar el preguntarse qué estaríamos dispuestos a hacer por la persona que cuidamos y dirigir la respuesta hacia el cuidado de nosotros mismos.

La psicoterapia supone un buen acompañamiento para poder poner en orden todos estos factores, elaborar las diferentes pédidas que ha supuesto para nosotros la situación, ayudarnos en la toma de decisiones y generar recursos de gestión emocional que nos permitan una vivencia más saludable de esta que podremos también transmitir en la relación.

Otras actividades como la meditación pueden ser un buen coadyuvante para aumentar nuestro bienestar en situaciones de estrés elevado como puede llegar a ser la relación de cuidado.

En definitiva, la respuesta a “cómo se hace eso de cuidarme” suele ser el tomar conciencia de que nuestras necesidades son legítimas y que el tomar conciencia de ellas y satisfacerlas no sólo aumentará nuestra sensación de bienestar sino que también mejorará la relación de cuidado, porque la persona que se cuida, cuida mejor.