Abandonar el control y rendirnos a la incertidumbre.

Muchas personas tienen la necesidad de entender el mundo que les rodea, teniendo o percibiendo control sobre el mismo. Cuando un acontecimiento reduce el sentido de control de la persona, se pone en marcha la “motivación de control”, lo que puede llevar a generar intentos mayores por controlar la situación, que a la larga puede producir, ante las constatación de que no es posible controlarlo todo, más sensación de descontrol, y por lo tanto, más necesidad de controlar. De esta manera, la persona puede entrar en una espiral que le lleva a controlar y a evitar cada vez más situaciones en su vida, y a sentir una intolerancia a la incertidumbre cada vez más acentuada.

Intentar tener todo bajo control es un gran gasto de energía no justificable, porque la realidad es que el control es una ilusión, ya que no se puede controlar todo y determinados acontecimientos finalmente pueden ocurrir aunque los hayamos prevenido.

¿Qué es la incertidumbre?

Podríamos definir la incertidumbre como la falta de certeza sobre algo.

Existen personas que presentan un mayor nivel de ansiedad ante el desconocimiento de lo que puede suceder, ya que tienden a creer que es necesario mantener el control de las situaciones en todo momento, lo cual trae consigo una gran frustración al constatar que no se puede controlar todo y que no todas las cosas van a suceder como ellos esperan.

Es natural que se prevean los actos que elegimos y llevamos a cabo, sin embargo, la necesidad de tomar decisiones buscando tener controladas todas las variables es lo que genera mayor ansiedad, estrés e incapacidad a largo plazo.

Algunas Características las personas que buscan tener el control pueden ser las siguientes:

  • Poca capacidad de improvisación, rígidas, inflexibles.
  • Miedo al fracaso o a ser criticado
  • Tendencia al catastrofismo, es decir, a creer que va a suceder lo peor.
  • Sentimientos de vulnerabilidad e inseguridad.
  • Poca tolerancia a la frustración.
  • Elevada autocrítica.
  • Dificultad para relajarse.
  • Miedo a correr riesgos

Algunas ideas para empezar a desprenderse del control:

  • Aceptar que parte del proceso normal de aprendizaje es cometer errores.
  • Aprender de nuestros errores.
  • Reconocer y aceptar aquello sobre lo cual tenemos poco control o control moderado.
  • Reconocer que no es una necesidad tener el control absoluto.
  • Aceptar que las situaciones que nos provocan frustración son parte de nuestra vida.
  • Prever sin exagerar. El control absoluto no es posible.
  • Tener horarios y rutinas flexibles.
  • Distraerse con actividades gratificantes.

Abandonar el control no significa llevar a cabo conductas alocadas o convertirnos en unos rebeldes, si no en saber encontrar el equilibrio de la flexibilidad. Si nuestra actitud ante la vida es controladora y rígida, puede ocurrir un fenómeno parecido al que ocurre con nuestro cuerpo cuando nos desestabilizamos por tener una posición corporal rígida, en cambio, si doblamos las rodillas o adaptamos nuestro cuerpo a los movimientos que suceden a nuestro alrededor es mucho más fácil mantenernos firmes.

La creencia de que se pueden controlar todas las variables que influyen en los acontecimientos de nuestra vida, lleva a las personas a un estado de estrés, que les provoca toda clase de síntomas orgánicos, funcionales y psicológicos. Esta conducta se puede cambiar si se acepta la incertidumbre de los acontecimientos y se realiza un trabajo en busca del equilibrio de la flexibilidad que nos permita dejar atrás conductas repetitivas que ya no son funcionales.

Sólo aquel que sepa soltar lo que ha alcanzado verá que ante él se abren continuamente nuevas posibilidades.

Karlfried Dürkheim.