Brexit: una ocasión para reflexionar sobre nuestra identidad personal

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El resultado de las votaciones del pasado jueves en Gran Bretaña nos han dejado a muchos impactados, y quizás de una manera especial en Cataluña, una región donde las reflexiones sobre el independentismo son pan de cada día.

No es este el espacio para opinar a nivel político o económico, y de hecho me gustaría al contrario aprovechar este hecho de cronaca para abrir una reflexión psicológica sobre el tema de la identidad.

Como nos atribuimos la nuestra propia identidad? De donde viene la definición que nos damos de nosotros mismioos? De nuestra historia personal? De la comparación con las identidades de otros individuos? Es una descripción de nuestra manera de ser que nace de la autonomía o la necesidad de diferenciarnos de los demás? Probablemente ambos.

Desde un punto de vista evolucionista, al nacer nuestra vivencia de nosotros mismos se caracteriza por unidentidada simbiosis con nuestras figuras de apego y crianza, especialmente con la madre. Con el pasar de los años (entre 1 y 2), comenzamos un proceso de progresiva diferenciación de la madre en el que nuestra identidad se manifiesta sobretodo en oposición con la de nuestras figuras de referencia. Esta etapa sería la que comúnmente se describe como la época del “espejo” y sucesivamente del “no“. A partir de este primer esbozo de identidad, nuestra capacidad de reconocernos delante de nosotros mismos como diferentes de los demás se hace progresivamente más sofisticada, y, gracias al proceso de socialización, construimos nuestra identidad no solo sobre la base de lo que nos diferencia sino también de lo que nos acomuna a los demás, encontrando esta etapa su punto álgido en la adolescencia.

Es solo con el pasaje a la madurez, intelectual y emocional, que nuestra identidad logra despegarse de la continua comparación, competición o asimilación, con respecto otras identidades. Es en este punto cuando el concepto de independencia (nada más que una otra cara de la dependencia) cede el paso al más sano concepto de autonomía. Dicho con otras palabras, se deja de lado la necesidad de diferenciarse o rechazar la interdependencia propia del ser humano para vivir con autenticidad tal y como se es.

Gracias a la ganada autonomía perdemos el miedo a aceptar que de hecho necesitamos a los demás, tanto prácticamente como emocionalmente, y conseguimos diferenciar entre necesitar y ser dependiente. Por eso el ficticio y idealizado concepto de independencia deja de ser nuestro objetivo vital, y nos podemos libremente dedicar a ser nosotros mismos, y a pedir ayuda.

Y tú, cómo te describirías dentro de este continuo: dependiente/independiente o autónomo?