Camino a la autonomía.

 

La autonomía psicológica es un concepto que expresa la capacidad para regirse por las propias normas sin influencia de presiones externas. En contraposición, la heteronomía, se refiere a regirse por las normal de las demás personas.

Por lo tanto, autónoma es aquella persona que decide conscientemente qué reglas son las que van a guiar su comportamiento. Tener autonomía implica ser capaz de hacer lo que una cree más conveniente a través de nuestra capacidad de evaluación, reflexión y toma de decisiones.

Ser autónoma psicológicamente implica integrar varios aspectos para poder llegar a tener la capacidad de regirnos por nuestras propias normas, como, por ejemplo, tomar consciencia de nuestras necesidades y estar conectadas a nuestras emociones, lo que nos ayudara a conocer nuestros deseos. No obstante, la autonomía también implica integrar la aceptación crítica de normal culturales y sociales y el reconocimiento de las necesidades y deseos ajenos.

Para poder actuar de manera autónoma, es necesario contar con una base sólida de confianza, responsabilidad y autoestima que nos permita regirnos por nuestras propias normas sin sentirnos culpables ante los deseos de complacer a alguien o de seguir las normas sociales.

Ser adulto no implica ser autónomo, La autonomía es una estructura psicológica que se va construyendo a través de las crisis vitales resueltas, pero no siempre llegamos a alcanzar la autonomía, ocurre a veces que las personas no resuelven las tensiones que se le presentan entre lo que deseamos hacer y lo que se espera que hagamos, quedándose entonces bloqueados en estructuras en las que se rigen por normas ajenas.

A través del proceso terapéutico se intenta ayudar a la persona a transitar y resolver etapas y crisis vitales, conectándonos con nuestros deseos, para conseguir acercarnos cada vez más a nuestra autonomía.