Caro Sigmund

freud

Creo que en este país la opinión pública y académica odia a Freud más de la cuenta.

No sé exactamente cual es mi objetivo con el post de hoy, pero es cierto que me gustaría hacer un pequeño homenaje a nuestro amigo Sigmund.

En parte lo hago con estfreud giardinoas bellísimas ilustraciones de Ralph Steadman, y en parte compartiendo mi personal experiencia cuando, el noviembre pasado, visité la casa del padre indiscutido del psicoanálisis.

Me sorprendió mucho encontrarme con un lugar para nada austero o oscuro como me lo había imaginado, sino una consulta repletas de simbología, memorias y emociones.
También me sorprendió mucho ver las imágenes de Sigmund con su perro y su familia en unos momentos de vida cotidiana. Más aún me impactó conocer las circunstancias de su muerte, extremadamente dolorosa a causa de un mal curado cáncer en la mejilla.

El dr. Sigmund Freud inventò un estilo y un setting terapeutico con muchas limitacionesfreud obsenes: no trataba el cuerpo, no trataba lo emergente del “aquì y ahora”, dejaba al paciente en una situación de inmovilidad y soledad en el diván, no involucraba al terapeuta en cuanto ser humano en la relación con el paciente, centraba su terapia más en los “déficits” de la persona que en su potencial, solo para comentar algunos aspectos que para mi son especialmente graves.

Pero, gracias a Sigmund nos empezamos a fijar en algo más que la consciencia humana o los pensamientos racionales. Empezamos a bucear en las profundidades del inconsciente, o como queramos llamarlo. A él debemos la metáfora del iceberg, a él debemos el atención a los procesos que huyen a lo inmediatamente observable, a él debemos las indagaciones sobre los mecanismos de transferencia, procesos que cada uno de nosotros vivimos diariamente dentro y fuera de la terapia. A él debemos la primeras investigaciones sobre el impacto que las emociones del terapeuta provocan en la terapia. A él debemos por supuesto las reflexiones sobre el valor de los sueños, pero a él debemos, por encima de todo en mi opinión dos cosas: la creación de una profesión en cuanto tal en el mundo occidental y la inmensa sabiduría que está detrás de la práctica de dejar hablar un rato al paciente antes de eventualmente interrumpirlo.

Sin tomar sus aportaciones a la letra y adaptándolas a las interesantísimas derivas de la psicología y psicoterapia actuales, creo que Sigmund sigue siendo un grande maestro que no se merece el ostracismo que padece.

Me ha apetecido recordarle a 160 años de su nacimiento.

 

Buen fin de semana a todos!
freud escribe