Coaching y empatia

Idilio en el Mar. Joaquin Soroya. 1908

¿Has sentido alguna vez envidia por los éxitos de tus amigos?, ¿Has pensado que no es para tanto cuando algún compañero te explica sus logros?, ¿Has sentido rabia cuando ves como personas de tu entorno celebran alegremente que les ha tocado una cantidad de dinero en un sorteo?

¿Qué nos pasa, a veces, cuando vemos que personas de nuestro entorno “ganan” o consiguen sus objetivos?

Hace unos días que se “inauguró” la Navidad con la emisión del anuncio de Loterías del Estado, y cómo no con polémica como siempre. Pero independientemente de si es de nuestro agrado o no, fijémonos en el mensaje; por una parte la esencia es compartir pero por otra vemos como nos afecta el éxito de los demás a través de dos personajes. Uno de ellos lo vive con tristeza y/o rabia al poderse preguntar, ¿por qué yo no? Y otro en cambio se alegra por los demás, empatía.

 

Hoy día utilizamos la palabra empatía sin mucha delicadeza y hasta llegamos a asegurar; “yo soy muy empático, siempre me cuentan las cosas mis amigos”, o, “yo soy muy empática, tengo un montón de amigos”. Pero desafortunadamente ni esto es la empatía y todos lo somos tanto como nos gustaría.

Es interesante diferenciar entre simpatía y empatía. La simpatía es una inclinación amistosa entre las personas y la empatía está cargada de comprensión, de respeto, y de mucha inteligencia emocional. De hecho su etimología en griego es “emoción”, y tiene que ver con ponerme en la piel del otro en todo su contexto. La mayoría de veces nos ponemos en la piel del otro pero con nuestro contexto y nuestras circunstancias, y eso lamentablemente no es empatía.

La empatía nace del amor y del corazón, de la capacidad de dar y recibir, de entender, de escuchar y de “salir/olvidarse” de uno para centrarse en el otro. Y esto requiere muchas dosis de generosidad.

Estoy convencida que si todos fuéramos más empáticos, tendríamos una sociedad más responsable.

En un proceso de coaching, aprenderás a reconocerte a ti, para poder reconocer al otro y esto favorece la empatía y genera lo que entendemos como relaciones resonantes. Por ello entrenando la empatía conseguirás vivir desde la emoción más pura, cómo es el mejor y en consecuencia recibir lo mismo.

¿Te atreves?