¿Cómo estás?

¿Qué me contestas? Es una pregunta frecuente, habitual, cotidiana. A veces la hacemos sin pensar y también la contestamos sin pensar ¿o no? ¿qué respondemos habitualmente?
Normalmente decimos ‘bien’ o ‘mal’. Blanco o negro. Adecuado para abreviar cuando nos cruzamos con alguien por la calle, pero no para describir. Muchas veces nos faltan las palabras que dan ese matiz tan importante que es la información más valiosa que nos da nuestro cuerpo. Como nos sentimos y como nos gustaría sentirnos nos da casi toda la información necesaria para tomar decisiones en nuestra vida. Bien y mal no describen prácticamente nada, no tienen mucha información que sea útil para vivir.
Conocer nuestros matices, los estado que nos componen, vivirlos y experimentarlos conscientemente nos hacen ser testigos de nuestra propia vida, vivirla con más intensidad. Reconocerlos sin juicios ni cortapisas nos ayudan a vivir nuestra vida con más consciencia y también con más autonomía. Estamos influenciados por una cultura donde la razón debe prevalecer a la emoción, como si esta fuera accesoria y nos despistara de lo que debemos hacer, cuando en realidad es una información genuina y auténtica que no podemos forzar. Es imposible obligarte a sentir alegría o tristeza, o cualquiera de sus construcciones (amor, rencor, serenidad, frustración…) aunque puedas fingirlas no te puedes obligar a sentirlas. Sin embargo, las ideas se pueden modificar tantas veces como sea necesario, son más maleables y adaptables. ¿Por qué entonces nos negamos a escuchar nuestras emociones? Muchas veces nos están dando una información valiosísima de lo que está pasando en nuestra vida.
Es por este motivo que cada vez se está reconociendo más la importancia de la Inteligencia Emocional, es decir de nuestra capacidad para reconocer y gestionar de forma sana nuestras propias emociones y las de los demás. Y para ello hay que repasar la paleta en la que nos movemos en nuestra vida. Si hicieras una lista de palabras que describan emociones ¿cuántas diferentes podrías poner? ¿Cuántas diferentes has experimentado? Sentir y expresar no te hace más vulnerable, al contrario, puede hacerte más sabio.