CÓMO SE ABRIÓ EL SENDERO

objetivo1“Un día, un becerro tuvo que atravesar un bosque virgen para volver a su pastura. Siendo animal irracional, abrió un sendero tortuoso, lleno de curvas, subiendo y bajando colinas.

Al día siguiente, un perro que pasaba por allí usó ese mismo sendero para atravesar el bosque. Después fue el turno de un carnero, líder de un rebaño, que, viendo el espacio ya abierto, hizo a sus compañeros seguir por allí.

Más tarde, los hombres comenzaron a usar ese sendero: entraban y salían, giraban a la derecha, a la izquierda, descendían, se desviaban de obstáculos, quejándose y maldiciendo, con toda razón. Pero no hacían nada para crear una nueva alternativa.

Después de tanto uso, el sendero acabó convertido en un amplio camino donde los pobres animales se cansaban bajo pesadas cargas, obligados a recorrer en tres horas una distancia que podría haber sido vencida en treinta minutos, si no hubieran seguido la vía abierta por el becerro.

Pasaron muchos años y el camino se convirtió en la calle principal de un poblado y, posteriormente, en la avenida principal de una ciudad. Todos se quejaban del tránsito, porque el trayecto era el peor posible.

Mientras tanto, el viejo y sabio bosque se reía, al ver que los hombres tienen la tendencia a seguir como ciegos el camino que ya está abierto, sin preguntarse nunca si aquélla es la mejor elección.”

(Autor: Paulo Coelho. Publicado en “El Semanal”, nº 729.)

¿Cuántas veces nos quejamos de cómo nos van las cosas asumiendo de forma resignada que no tienen solución? Cuando las personas pasan por una crisis, normalmente no son conscientes de las alternativas a su manera de actuar que están ahí, justo delante de ellos. Es habitual que estemos tan acostumbrados a que una cosa se realice de determinada manera que ni nos planteamos que la podamos modificar ¿A qué se debe? Como seres humanos estamos diseñados para economizar energías. Si nuestra mente está acostumbrada a hacer un camino, por si misma, de forma automática, no va a buscar una alternativa. Nos movemos en lo conocido, en lo que sabemos, en lo que estamos habituados. Y ya se sabe que ‘más vale malo conocido que bueno por conocer’ ¿o no? Lo que pasa no es que no sepamos hacerlo de otra manera o que de verdad pensemos que no se puede, es que nos da miedo probar otras alternativas y la posibilidad de perder algo. No es pereza, no se debe explicar con pereza lo que se puede expresar con cobardía.

Y es que a todo nos acostumbramos, incluido a cierto umbral de dolor o de malestar, nuestro cuerpo está acostumbrado a tolerarlo y al final se habitúa y se adapta a sus circunstancias. Beneficios de la evolución: la capacidad de supervivencia por adaptación. La cuestión no es si estás tan mal, la cuestión es si podrías estar mejor. Apuesto a que sí. Habituémonos a cambiar entonces.

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