Confía en tu propio criterio

capture1Había una vez un padre y un hijo que debían hacer un viaje. Para ello contaban con un burro y un par de alforjas en las que llevar lo necesario. Tras empaquetar las cosas precisas para el viaje, ambos tuvieron la misma duda: cómo usarían en burro para el viaje.

– Será mejor hijo si tú vas primero en el burro, así estarás bien descansado cuando yo me canse, que será antes. Porque ahora estoy fresco y bien dormido.

Les pareció a ambos buena idea y así empezaron camino. Pero cuando llevaban una pequeña parte del recorrido, se cruzaron con unas gentes que cargaban agua en una fuente.

– ¡Qué poca vergüenza! Ese chico joven descansado en el burro y su pobre padre anciano caminando. Ya no hay respeto.

El chico avergonzado, le dijo a su padre que tenían razón, que a lo mejor debían cambiar el puesto ahora y así seguir camino. Y así lo hicieron. Pero al rato de viajar con este cambio, se cruzaron con un grupo de labriegos que descansaban a media mañana.

– ¡Qué padre más egoísta! Pues no obliga a su hijo a andar mientras él va bien descansado en el burro…

El padre avergonzado, pensó que probablemente tenían razón, y le dijo a su hijo que la mejor solución sería ir ambos montados en el burro. Y así lo hicieron. Pero al rato de montar de esta manera, se cruzaron con un grupo de granjeros que iban al mercado, y claramente les oyeron comentar:

– Será posible… pobre animal como va de cargado. Lo van a matar con tanto esfuerzo.

Enfadado ya de tanto cambio, el padre decidió no montar en el burro más. Así ninguno de los tres sufriría más que los otros la dureza del viaje. Sin embargo, cuando ya caía la tarde y se aproximaban a un río, vieron un grupo de mercaderes que encendían una hoguera. Al pasar les oyeron mofarse en voz alta

– Vaya para de bobos. Teniendo un burro ¡y van a pie

images (1)En nuestra vida cotidiana tenemos muchas muestras de cómo es de complicado ponernos de acuerdo sobre un tema. Además, cada día tienen más auge las tertulias donde cada uno hace valer su opinión, contando de antemano con la idea de que no piensa cambiarla pase lo que pase ¿Para qué sirve entonces dialogar?

Es normal que cada persona forme su criterio en base a muchos factores, entre ellos su familia y cultura. Pero debemos tener en cuenta que no existe una única manera de entender las cosas por mucho que nos empeñemos en discutir. Hablando, compartiendo opiniones, llegando a acuerdos como mucho podemos llegar a un consenso. Y esto no es tener la razón, sino encontrar un punto en el que todas las partes se sientan respetadas y cómodas. Esto no implica que tú tengas que cambiar tus ideas, sino adaptarlas para lograr el bien común. No se trata de todo o nada.

La mayor riqueza de las personas es poder tener criterio. Y esto es tener la capacidad de decidir lo que mejor le conviene sin miedo a los juicios, ya que simplemente está respetando sus necesidades y sentimientos que comprende mejor que cualquier otra persona.

Es una gran muestra de inteligencia repasar los propios errores e intentar mejorarlos. Pensar que podremos evitarlos y contentar a todo el mundo es una segura catástrofe.

“ Las opiniones son como los ombligos, todos tenemos uno y no sirve de gran cosa”