Confusión: cuando la ansiedad te sobrepasa

Confusión: cuando la ansiedad te sobrepasa

Aunque en un primer momento no lo podamos ver, todos los acontecimientos de nuestra vida tienen una relación y un orden consecuente. Muchas veces, sólo vemos una avalancha de sucesos que pueden parecer injustos e incoherentes cayéndonos encima. Las emociones se desbocan y puede costar incluso reconocer que se siente.

En muchos casos, el indicativo más claro de este ‘desorden’ es la ansiedad. Cuando una persona empieza a tener ataques de pánico o angustia localizados y críticos, se para y necesita reposar y hacer algo para deshacerse de esta desagradable sensación.Y esa es exactamente su función: darnos un parón.

Con frecuencia la llegada de la ansiedad nos aturde, nos sorprende (con lo que eso conlleva) y no alcanzamos a comprender por qué a mí, por qué ahora. Parece un virus, una enfermedad que nos ataca a traición, un cubo de agua fría que nos cae de repente. Muchas veces es necesario hacer un zoom, ampliar el foco y pararnos, pero a pensar: ¿cómo estoy yo en este momento de mi vida? ¿En qué momento me encuentro?¿Qué significa esta alarma de mi cuerpo? Normalmente la ansiedad es una sirena que nos avisa de la sobrecarga que sufre nuestro sistema emocional.

Cuando hay un atasco, sobrecarga o en general, poco cuidado por nuestras emociones, la mente se colapsa y empieza a generar malestar físico para rebajar la actividad. Lógicamente, es más probable que aparezca por acumulación (¡pero si yo lo estaba llevando bien!) y cuando la confusión o incoherencia entre lo que se siente, lo que se piensa y lo que se hace ya no se soporta. La ansiedad encuentra su lógica cuando nos centramos en cuáles son nuestros sentimientos ante una situación importante y qué estamos haciendo para permitir que se expresen, para respetarlos en lugar de obligarlos a ‘entrar en (la) razón’.

Cuando somos capaces de reconocernos la emoción, permitírnosla y aceptarla como parte importante de lo que somos, estamos más cerca de pensar en cuál es la mejor opción para nuestro bienestar y evaluar los riesgos. De ahí a saber lo que hay que hacer, el paso es más corto aún. El trabajo principal es entrar en la voz de la ansiedad y escuchar qué nos quiere pedir. Cuando se sienta escuchada, no necesitará visitarnos con tanta frecuencia ni vehemencia.

Confusión: cuando la ansiedad te sobrepasa

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