Cuando pierdes el tren

¿Quién no ha perdido un tren alguna vez? Pero no un tren de oportunidades, si no un tren, tren ¿Y cómo habéis reaccionado? Un poco enfadados, muy enfadados, os es igual… Si perder el tren ha hecho que llegarais tarde o que hayáis tenido que esperar una hora más para coger el siguiente, estoy bastante convencida de que, a no ser que seáis personas “zen”, un poco de enfado con vosotros mismos habéis sentido.

En momentos en que no podemos echar la culpa a nadie y a nada porque ha sido responsabilidad nuestra llegar tarde y estamos solos, lo mejor y más eficaz es observar cómo reaccionamos ¿Qué nos decimos a nosotros mismos? ¿Qué hacemos? Si nunca os ha pasado, probad meteros en un atasco con el tiempo justo para llegar al trabajo y observad…

A menudo, cuando perdemos el tren o nos encontramos en cualquier situación estresante bajo una presión que sólo nosotros nos estamos ejerciendo, sale nuestro lado más “duro”. Aquél que domina el negativismo y seguramente también el “castigo” hacia uno mismo, pues nos decimos cosas que nunca diríamos a otra persona.

Cada cual tiene su propio repertorio de palabras y nivel de intensidad. Hay personas que no se infravaloran en exceso y otras que usan cualquier oportunidad de estas para despreciarse. Y, aunque a menudo el discurso interno pasa en cuestión de segundos, eso deja huella. Es por esta razón que es importante detectarlo y ver las acciones que realizamos para luego darle un giro. La idea es reaprender a hablarnos, aceptar cómo somos y sobre todo, no aprovechar los momentos críticos para disminuir nuestra autoestima.

desmotivado.es_Por-un-minuto-de-enfado-Pierdes-60-segundos-de-alegria_13497134080Los trucos para salir ileso de una situación así son:

  1. No cojas el móvil para hablar con nadie y contárselo. Lo más probable es que uses a la otra persona para desahogarte y seguramente aún te enfadarás más. Nota: el otro no tiene la culpa y si la tiene, no es el momento de decírselo.
  2. Cuando sientas que te estás acelerando y que tu cabeza te avasalla con mensajes negativos, prueba de decírtelo cantando (por dentro claro). Cuando domines el arte de detectar lo que te dices, serás más fuerte y podrás cambiarlo por algo más benevolente. Por ejemplo: pasar de “soy un auténtico tonto (a menudo usamos insultos peores) siempre me pasa igual” a “hoy me he despistado, bueno, la próxima vez seré más previsor”.
  3. Respira hondo y céntrate en la respiración.
  4. Repítete: “no es para tanto”
  5. Busca alternativas para salir de esa situación. Si pierdes el tren, a lo mejor llegas a un autobús, así pues, corre.
  6. Una vez hayas solucionado el problema y estés “a salvo”, felicítate por haberlo hecho bien.

Bien sabemos que lo mejor es ser previsores y evitar la situación estresante. Pero lo esencial aquí es que, si aprendemos a hablarnos bien, mantendremos una sana autoestima que nos ayudará a ser personas seguras de nosotras mismas y confiadas en conseguir aquello que deseamos.