cuidado con lo que te dices porque te lo puedes creer.

(…)
Sara: Sólo quiero tener la sensación de decir “no tengo esa losa en la espalda de que yo he decidido nada”, (En terapia hablando del juicio que tienen pronto Sara y su marido). ¡no!, lo habrá decidido una tercera persona que es neutral y que le obligará a acatarlo. Pero quiero darme el gustazo de tenerlo delante de mí y de un juez. Cosa que a él le va a molestar muchísimo, porque no lo ha hecho nunca, incluso le han llegado citaciones judiciales y no ha asistido por orden de su abogado. Y sé que en ésta no va a tener más remedio que asistir. ¡Será una tontería, pero para mí es un gustazo!
Ter: ¿Qué te hace pensar que es una tontería el paso que acabas de dar, y si para ti es un gustazo?
Sara: No el paso. Pero es una pena tener que llegar a juicio con una persona que has estado junto a ella durante años.
Ter: Sara no me refiero al tema del juicio, el poder ponerle ante un juez, el paso de hablarle de igual a igual, el paso de decirle lo que pensabas, el paso de expresarle tus emociones.
¿Esto para ti es importante?
Sara: Supongo que si antes no me quería, ahora me habrá empezado a odiar. Lo que más valoraba él en mí era que me veía como su muñequita manejable. ¡Sí que es importante poder ponerme delante de él de igual a igual, es un gran paso!
Ter: Entonces “no es una tontería” . Cuidado con lo que te dices porque te lo puedes creer. Fijate le has enviado a tu cerebro un doble mensaje; es “importante” pero es una “tonteria”. Te importa volver a repetir la frase.
Sara: (se rie) Es importante para mí conseguir ponerle ante un abogado, y estar de igual a igual!
Ter: ¿suena igual? (Sara: No)
Lo que pensamos influye en cómo hablamos a los demás y/o a nosotros mismos, y esta influencia es bidireccional, por lo que a veces es interesante prestarle atención a estos detalles, y reflexiona sobre ello. Un paso hacia el cambio puede venir por empezar a escucharnos a nosotros mismos y ser coherentes en lo que decimos y lo que pensamos.