¿De qué sirve preocuparse?

 

Tanto la preocupación como la rumiación, forman parte de nuestro día a día. Nuestra cabeza salta incansable de un pensamiento a otro, como un mono inquieto salta de rama en rama en un árbol. De hecho, se calcula que a lo largo del día podemos llegar a tener unos 60.000 pensamientos. Buena parte de ellos tratan sobre nuestras preocupaciones cotidianas, las dificultades o los problemas que tenemos o podemos llegar a tener.

La preocupación parece ser un fenómeno habitual y en parte funcional que intenta acercarnos a encontrar y planificar soluciones a nuestros problemas. Aunque, a veces, empezamos a pensar de forma excesiva e incontrolable sobre nuestros problemas y otras, sobre hechos inexistentes. En estos casos, la persona consume gran parte de su energía y tiempo ocupándose de eventos que todavía no han tenido lugar, y por lo tanto, se puede ver afectada nuestra capacidad de concentración y goce del presente.

A menudo, quedamos atrapados en un sinfín de pensamientos circulares y que más que acercarnos a una solución nos alejan de ella, generándonos gran malestar e interfiriendo en nuestro funcionamiento cotidiano. Este tipo de preocupación más desadaptada y disfuncional, la podemos distinguir por ser más frecuente, duradera, desproporcionada, improductiva y angustiosa.

Aunque la preocupación, tal y como hemos visto puede ser disfuncional, también hay ocasiones en las que es un proceso deliberado y reflexivo. En estas ocasiones, puede ayudarnos a elaborar y comprender vivencias siendo un proceso fundamental en el cambio de creencias y esquemas mentales antes situaciones de cambio.

Es importante, poder ofrecer a la persona, en el contexto de un proceso terapéutico, de herramientas para poder gestionar estas preocupaciones a menudo intrusivas e incontrolables. Estas estrategias, estarán encaminadas a dotar a la persona de habilidades para poder realizar una adecuada regulación emocional, y por lo tanto, poder hacer un uso más consciente y adaptativo de la preocupación, encaminándola a la búsqueda de soluciones y no a la divagación.