Dejar de pensar para decidir mejor

Hay momentos, periodos o circunstancias que nos obligan a plantearnos cambios , finales y comienzos o, en definitiva, nuevos itinerarios. Por nuestra naturaleza de seres pensantes, reflexivos y analíticos, tendemos a abordar estas situaciones desde el pensamiento, repitiéndonos una y otra vez las mismas preguntas ,diseccionando las dudas desde las mismas premisas y escrutando los resultados por si aparece esa idea iluminadora que despeje la incertidumbre. Pero ese proceso cuanto más se repite más parece oscurecer el panorama en vez de aportar certezas y confianza en nuestro criterio.
Está claro que la reflexión y el análisis han de estar presentes cuando se toman decisiones y también lo están las emociones aunque nadie las haya invitado a la fiesta. Ese pensamiento repetitivo y ese sobreanalizar la situación consumen nuestra energía sin que nos demos cuenta , generando cansancio y aumentando más aún la sensación de agobio por no ser capaces de decidir y disipar las dudas.images
Y es ahí cuando hay que echar mano de ese poderoso aliado que es el cuerpo, no como oponente de nuestra mente si no como integrador de todo el proceso en el que el pensamiento parece llevar la voz cantante. Llegada la saturación , hay que dejar la mente a un lado y cesar el pensamiento discursivo penetrando en la sensación y en el sentir del cuerpo. Centrarse en la respiración siempre es una herramienta indispensable para acallar la mente. Nos resultará muy útil en estos casos ejercicios diarios de atención a la respiración, sentados o estirados, contando inhalación y / o exhalación, o bien sintiendo cómo el aire eleva nuestro abdomen o nuestro tórax con cada inhalación y los hace descender con cada exhalación. Otra posible manera de despejar la saturación mental desde el cuerpo es percibir bien todas las sensaciones que nos llegan a través de los sentidos. Ahora es época de estar al aire libre. Hace sol y lo sentimos en la piel, los colores del cielo, del verde si paseamos por un jardín o un bosque, o simplemente en los parques urbanos son más intensos y penetran más nuestra mirada. Se oyen golondrinas, gaviotas si estamos cerca del mar y no digamos ya los sonidos del viento entre los árboles o del mar si salimos del entorno urbano. Sólo sentir y si el pensamiento insiste volver a la respiración y a la sensación. Tras unos días de liberar la mente de tanto pensamiento discursivo, el criterio y la lucidez aparecerán de nuevo y desde la claridad y más serenos, seremos capaces de tomar las decisiones adecuadas en esos momentos de cambio. Acceder a la presencia atenta en cada instante, esa es la clave.