Después del sexo

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Le solemos dar mucha importancia a lo que pasa antes del sexo. Si planificamos la cita, nos ponemos nuestro mejor modelo, nos miramos al espejo, controlamos que estemos bien peinados, algunas mujeres se maquillan, algunos hombres se afeitan dejándose la barba “arreglada pero informal”… en definitiva, cuidamos lo que viene incluso antes de los llamados “preliminares”.

Escogemos un buen restaurante, o cocinamos un buen plato en casa, controlamos el ambiente, música suave y sugerente… le damos mucha importancia a todo lo que creemos que nos llevará a la relación sexual.

Una vez hemos conseguido nuestro propósito y la relación sexual propiamente dicha se ha iniciado, nuestros esfuerzos se concentran en “el durante”. Intentamos disfrutar, a la vez que hacemos disfrutar a nuestra pareja, deseamos llegar al orgasmo y ponemos todo nuestro empeño en ello, en excitarnos progresivamente y acabar descargando toda la tensión acumulada en forma de orgasmo.

¿Qué pasa después?

Pero… ¿quién le da importancia a lo que pasa después del sexo? En general, una vez que damos por finalizada la relación sexual nos olvidamos de esa intensidad, de la importancia, de los esfuerzos que hemos puesto en conseguirla. Nuestro cuerpo está, por lo general, relajado y tranquilo, por lo que lo que más nos apetece es disfrutar de esa sensación de relax y plenitud.

Es en ese momento en el que algunas personas se encienden “el cigarrillo de después”. Otras se visten y se van, otras abrazan a sus parejas… pero lo que es seguro es que pocas veces se le da la importancia que merece a ese último momento.

Su importancia radica en el fenómeno “guinda del pastel”. Veámoslo con un ejemplo sencillo: vas a cenar a un buen restaurante, el primer plato es exquisito, el segundo es de escándalo, la bebida que los acompaña sublime, pero la carta de postres sólo tiene helados de una marca comercial. ¿Con qué sensación te quedarías después de la cena?

Probablemente sentirías que “ha faltado algo” y aunque la cena haya estado fantástica, intentarás buscar un restaurante con el mismo nivel de platos, pero que tenga una buena carta de postres caseros.

Lo mismo pasa con el sexo, podemos tener una muy buena relación sexual, pero si acaba con un “postre” malo, iremos perdiendo el interés poco a poco, o necesitaremos ir a buscar ese postre en otro sitio.

Ser cuidadosos

Ponerle el broche a la relación sexual no es tan difícil. Simplemente es una cuestión de darle importancia. Una palabra tierna o amable, un beso dulce antes de irse, un abrazo, una nota en la almohada… cualquier pequeño detalle (tanto para él como para ella) hará que ese “después” sea recordado y deseado de nuevo.

Para los lectores que entendáis el catalán, os dejo aquí con el programa de radio en el que el lunes pasado me invitaron a hablar precisamente sobre este tema. El programa es “Les Mil i Una Nits” de Maria de la Pau Janer.