Dominar el tiempo

Queremos dominar nuestro tiempo en vez de que sea él que nos domine a nosotros. Es habitual escucharnos decir “no tengo tiempo para quedar”, “no tengo tiempo de llamar”, “el tiempo se me escapa”, “llego tarde porque tengo demasiadas cosas que hacer” y otras expresiones varias.

Gestionar el tiempo no significa sólo saber organizar bien una agenda, realizar toda una lista de “to do” o cumplir eficazmente con un sinfín de obligaciones. Por supuesto que es necesario planificar y prever para mejorar en nuestras tareas funcionales. Pero, más allá de la planificación, significa tener claro cuánto tiempo invertir en las tareas y / o personas que son importantes para nosotros. Que priorizamos según nuestras necesidades y deseos. Y sobre todo, nos sintamos satisfechos con ello.

Tener la agenda llena y estar siempre ocupados, es un tema social muy actual que no nos hace ningún bien. Parece que seamos más interesantes si no tenemos tiempo para nada porque siempre estamos haciendo cosas. Sí, bastante paradójico…

descargaAlgunas personas están en la queja constante, están agotados​​. El trabajo realmente los absorbe o alguna responsabilidad extra como cuidar a los padres ancianos. ¿De qué sirve la queja? De lo único que nos sirve es de privarnos a encontrar una solución.

Debemos cambiar el concepto “tiempo” porque sólo atraemos a uno de nuestros peores enemigos: el estrés. En vez de hablar de “falta de tiempo”, podríamos hablar de “invertir tiempo”. Es un tema de percepción. ¿Cómo percibes tú tu tiempo? ¿Cómo te relacionas tú con tu tiempo?

El otro día, una amiga me cuenta que otra amiga en común trabajaba hasta muy tarde. Y me dice: “Pobrecita, trabaja tanto…Es que la están explotando!”. Al cabo de unos días hablo con esta amiga en común, y ella me dice que tiene mucho trabajo, pero que está encantada porque le gusta y sabe que es algo temporal. No se quejaba de falta de tiempo, para ella, invertir su tiempo en ese proyecto era importante. El tiempo no se gestiona, es lo que es, pero las actividades sí. Por tanto, todas aquellas tareas que tienes que hacer en el trabajo, o las actividades que te propones al salir del despacho, son elección tuya y el tiempo que inviertes en cada actividad de tu día a día está en tus manos . Aprende a elegir bien lo que quieres hacer según tu forma de ser.

Algunos consejos para invertir mejor nuestro tiempo:

1. Tener una agenda adecuada a nuestras necesidades. Por ejemplo, una agenda en formato puzzle. Significa que podemos mover las tareas de un día a otro sin tener que reescribirlas, para no presionarnos. Es un tema visual y las agendas electrónicas son útiles para esto. A la hora de planificar, pensar siempre: qué necesito para hacer esta tarea. Es decir, previsión de material y de tiempo. Y utilizar colores y métodos de motivación. Por ejemplo, aunque nos dé placer tachar lo que hemos hecho de la lista, es mejor poner un tic.

2. Ocuparse en vez de preocuparse. Hay un ejercicio propuesto por el Prof. Stephen Covey, que nos ayuda a hacerlo. Se trata de ir empequeñeciendo el círculo de preocupación y agrandar el círculo de influencia tomando consciencia de nuestra realidad. Si estamos en una situación de resolución de tareas, la preocupación suele ser un obstáculo para la futura ejecución. Por tanto, analiza primero lo que sí está en tus manos, lo que tú puedes controlar, modificar, decidir y escríbelo dentro de un círculo. Posteriormente, en otro círculo más grande alrededor del círculo anterior, escribe lo que no tienes absolutamente nada de control y depende de otras personas. Lo que está en este último círculo olvídalo y lo que está en el primero, empieza a hacerlo ya. Al cabo de unos días vuelve a hacer el ejercicio, el círculo de preocupación debería ser más estrecho y el de influencia más grande.

3. Eliminar aquellas cosas que creemos que tenemos que hacer, o hacerlas. Todo aquello que pensamos que tenemos que hacer y no hacemos, nos quita energía. Por ejemplo, ir al gimnasio. Así que, sólo cuando lo hagamos o simplemente, lo olvidemos porque nos damos cuenta que ahora no es prioritario, dejaremos más espacio para pensar en lo que nos beneficia en este momento. ¿Quizás ahora lo que necesitas es relajarte?

4. Llevar un registro del uso del tiempo y hacer cada cosa con el máximo de concentración. Cada mañana nos debemos preguntar: qué es lo más importante para mí hoy? Y a partir de este punto, comenzar a organizar. Debemos tener claras nuestras prioridades. Hacer una sola tarea ayuda a centrarnos y terminarla antes. Eliminemos la moda del “multitasking”, es solamente un dispersor de energía y un estresor.

5. Delegar, simplificar y aprender a decir NO. Aquellas tareas que no nos gustan las debemos delegar. Si en el trabajo no podemos delegar, siempre podemos intercambiar tareas: tú me haces este informe, yo te hago esta presentación. Fuera del trabajo, por ejemplo, si no nos gusta limpiar la casa o hacer las cuentas, contratemos a alguien para que te lo haga. Nos costará algo de dinero, pero nos ayudará a tener más tiempo para nuestras cosas y puede que hasta seamos más productivos en el trabajo. Debemos aprender a decir NO a aquellas tareas que nos piden que están fuera de nuestras necesidades o que no son prioritarias. Podemos ser solidarios, pero no hace falta ser los salvadores del mundo.

6. Hacer todo lo que tenemos pendiente de una vez. Promete menos y da más. Hagamos de golpe todo lo que está en aquella lista de cosas pendientes que va creciendo y que dejamos en un cajón. Ya sean tareas pequeñas de casa, como cambiar una bombilla o como si son unos días de vacaciones. Seamos eficaces y no dejemos que la lista de cosas pendientes crezca más de tres o cuatro tareas. Pero hagámoslo bien, las soluciones temporales no sirven. Y no prometamos, para asegurarnos el tiro. Siempre quedaremos mejor entregando un trabajo antes de tiempo o llevando a los hijos de sorpresa al parque de atracciones, que no pasarnos de la fecha acordada.

7. Y finalmente, evitar reuniones ineficaces, horas puntas y sobre todo, evitar mirar las redes sociales y el móvil cada dos por tres!