duelo patologico

Un día en terapia con Marta (de unos 30 años, a la cual se le había muerto el marido hacia 3 meses), me pregunta preocupada si “estaba llevando bien el duelo”. Como no entendía su pregunta, me amplió la narración;
Como tú sabes, mi marido murió hace tres meses, desde entonces estoy en una “montaña rusa de Emociones”, no tengo ganas de hacer nada, he perdido el apetito , y duermo muy mal. Mi cuerpo está cambiando y tiene reacciones que a veces creo que no es mío y que no lo conozco. Para darte un ejemplo he perdido 15 kilos, se me ha retirado la regla, me han salido muchísimas canas y la piel se ha convertido en hipersensible, cualquier cosa que me roza un poco, parece que me salga urticaria. Ya se que todo está relacionado, y sé que es “normal”, como hemos hablado. Pero quería que mi médico me viera y me hiciera una analítica para descartar cualquier problema físico, y más por haber perdido tanto peso.
La semana pasada fue a la doctora y al querer explicar qué me pasaba, me puse a llorar. Aceptó rápidamente el tema de la analítica, pero me quiso dar antidepresivos, alegando que esto me ayudaría a seguir tirando para adelante y poder trabajar. Yo le dije que no los quería, que era lógico lo que me pasaba, que era normal que tuviera ganas de llorar. Su respuesta me asustó muchísimo, me dijo “si ahora no tomas algo, dentro de seis meses será peor”. Al preguntarle por qué lo decía me contestó; “dentro de seis meses, si no lo has superado, tu duelo será patológico”. Había algo en esa frase que me aterró, que no me gustó, pero no supe qué decirle a la doctora. Cogí la analítica y me fui, peor de lo que había entrado. ¿Tú crees que lo estoy haciendo mal? ¿Y si sigo triste a los siete meses?-
Ante esta narración, me contuve para no pedirle el teléfono de su médico de cabecera y tener un diálogo con ella. Suavemente le contesté a Marta; No se le puede poner una fecha de caducidad al dolor, hay personas que se encuentran mejor en menos tiempo y otras necesitan más. Es un proceso activo en el que haces y sientes (es decir que el tiempo no cura nada). Un duelo es un proceso que se va trasformando con el tiempo. No es una piedra que te encuentras en el camino de tu vida y lo “superas” saltandola y ya está, sino que es más bien como si el camino hubiera cambiado o tu forma de caminar. Yo, el dolor por la pérdida de un ser querido, lo comparo con “hacerse una herida muy grande en el pie”. Al principio sólo puedes ver la sangre y sentir un gran dolor. Si cuidas la herida, haces reposo, poco a poco va apareciendo una suave y frágil costra que al principio es fácil que se vuelva a romper, pero si no se rompe la costra cada vez es un poco más fuerte y quizá te atrevas a empezar a caminar, con mucho dolor al principio, pero que después de un tiempo éste aparezca sólo de vez en cuando (un mal movimiento, cambio de tiempo…). Y puede que algún día haya momentos que no mires la cicatriz, otros que la mires y recuerdes con cierta nostalgia cómo era tu pie antes de todo esto. Tu pie nunca más será igual, ya que le acompañará una cicatriz, pero no habrá el dolor del principio. ¿Ante una herida de un pie dirías que “tiene que estar curado, cicatrizado y pudiendo caminar en tres semanas y tres días?
Esto demuestra el poder que puede tener una “etiqueta”. Estas, muchas veces en vez de ayudarnos, y sernos útiles, nos dificultan el estar bien, y se puede convertir en una carga.
Eva Aguilar
Psicologa, psicoterapeuta individualy de pareja y terapeuta sexual