El efecto Pigmalión: yo creo en ti

La ciencia de nuevo reafirma lo que el sentido común nos dice: resulta que tener expectativas positivas sobre las personas que nos rodean mejora su rendimiento. Dicho así parece un poco más técnico de lo que realmente es, pues al final supone simplemente tener fe en una persona la ayuda a ser mejor.

Cuando nos fijamos en los defectos y fallos del otro despertamos la rabia y la impotencia, podemos desesperarnos, esperar lo peor. En cambio si procuramos buscar el aspecto positivo, los avances o cambios en una persona, nos sentiremos más confiados y tranquilos. Esta actitud positiva en nosotros provoca que el otro se anime a seguir cambiando y saque mejores versiones de si mismo.

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Si podemos crear imágenes positivas de los otros tendremos un ‘imán’ mental que atraerá nuestra atención hacia las cosas que hace bien. Esta actitud es creadora de círculos virtuosos, lo contrario de los conocidos círculos viciosos: es decir, lo bueno atrae lo bueno y lo malo atrae lo malo. Un clásico que parece ser científico. Si lo creemos funcionará, ya que las creencias que tenemos influyen en la realidad que vamos creando cada día.

Nuestra mirada cambia la perspectiva de los otros. Pensemos especialmente como puede influir esto en los niños, más inocentes y más dispuestos a gustar y adaptarse al mundo. Somos una red en la que a veces nos comunicamos sin querer. Tener un Pigmalión, alguien que crea en nosotros, puede ser la fuerza más importante para ser nuestra mejor versión.

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