El bienestar subjetivo

Con el creciente interés por la psicología positiva que ha habido en esta última década, nos hemos enfocado otra vez hacia el concepto de bienestar subjetivo y de felicidad.

Digo otra vez, porque los filósofos de la antigüedad ya teorizaban sobre la naturaleza de la felicidad y ha seguido debatiéndose a lo largo de la historia. Aristóteles defendía la idea de que uno es feliz cuando desarrolla al máximo todas sus capacidades. Spinoza añadía que uno lo es cuando se comporta según lo que considera más correcto. Y Freud, afirmaba que para ser feliz uno debe amar y trabajar, para así forjar vínculos afectivos y realizar actividades que le satisfagan.

La psicología no entró en este debate para centrarse en el estudio de las enfermedades y sus causas, hasta que a finales de los años 90, Martin Seligman y Sonja Lyubomirsky empezaron a investigar y dar relevancia a las respuestas y actitudes del ser humano para ser feliz. Actualmente, ya existen varios estudios que demuestran cómo podemos optimizar nuestros recursos para potenciar el bienestar emocional.
benestar2 El bienestar subjetivo es la evaluación que hacemos de nuestras necesidades, las analizamos, vemos si las tenemos cubiertas o no y, posteriormente hacemos una valoración. Estas necesidades varían en cada persona y la correspondiente valoración también. La felicidad, por otro lado, es una experiencia subjetiva de plenitud global que nos lleva a un estado de satisfacción. En definitiva, son dos mecanismos psicológicos que se dan conjuntamente, uno tiene que ver con la razón y el otro con la emoción.

Las investigaciones neurocientíficas han descubierto que la felicidad está vinculada con el placer. Localizada en el córtex orbitofrontal (situado encima de las órbitas de los ojos) que se activa ante determinadas recompensas. Por lo tanto, aquellas personas que creen que la felicidad no existe, aquí está la demostración de que sí.

También hay cierta creencia de que la felicidad no dura para siempre o que la determina la situación de recompensa, el “tener”: tener pareja, tener un coche, tener una casa, etc. Otros piensan que la felicidad es una forma de tomarse la vida, por ejemplo: uno puede ser feliz aunque se haya quedado sin trabajo. Y la verdad es que todo es cierto, debido a que es tan subjetiva que cada uno decide como la quiere vivir. Aunque haría falta una revisión de las primeras, ya que estas creencias pueden llegar a ser muy limitantes.

Por otro lado, el bienestar subjetivo es cuantificable. Siguiendo con el ejemplo anterior, la persona que se ha quedado sin trabajo, puede sentirse feliz porque valora el apoyo de su familia y amigos, pero no sentir bienestar. Es decir, esta persona no tiene cubierta la necesidad de trabajar y como para ella es importante trabajar, lo evalúa negativamente y esto le lleva un cierto malestar. El cual no es del todo perjudicial si se gestiona correctamente, pues el malestar le empujará a buscar trabajo. Por esta razón, es importante ver cómo se está gestionando la necesidad, si está bien definida y cómo respondemos ante ella.

En este sentido también es esencial diferenciar la necesidad de la preferencia, las necesidades básicas no son muchas y muy a menudo las confundimos. Es bueno saber cuándo es una preferencia para no angustiarnos si no la conseguimos. Por eso, si hacemos la evaluación de nuestra vida y sabemos observar lo que tenemos (necesidad cubierta), lo que necesitamos y lo que queremos (preferencia), haremos una evaluación más justa.

Las necesidades están divididas entre las cubiertas y las descubiertas, unas nos llevan bienestar y las otras malestar. En cambio, una preferencia nos trae un estado de deseo y de insatisfacción si no la llevamos a cabo, pero nos previene del fuerte malestar.

Las áreas del bienestar son: física, social/familiar, psicológica, económica y entorno. Cada área se compone por diferentes necesidades y preferencias personales. Por ejemplo, en la física, para una persona puede haber la necesidad de alimentarse mejor y para otra, la preferencia de cuidarse más la piel. En la área social, puede existir la necesidad de tener más tiempo de ocio con la familia o la preferencia de quedar más con los amigos. En la psicológica, tal vez alguien tiene la necesidad de tomarse un tiempo para sí mismo o mejorar su estado de ánimo y para otro, simplemente, mejorar la relación con alguien. En la económica, uno tendrá la necesidad de ganar más dinero y otro la necesidad de encontrar trabajo o de cambiar de trabajo. Y por último, el área del entorno, uno puede tener la preferencia de modificar la decoración de la casa o de hacer algunos arreglos, o la necesidad de cambiar de ciudad…

Una vez definidas las áreas y las necesidades, se decide cuáles son prioritarias. Luego pensamos qué hábitos debo cambiar, qué acciones deberé llevar a cabo para cubrir esta necesidad, cuál es mi actitud frente a ella y para qué la quiero cubrir.

Paralelamente, se debe trabajar el nivel de exigencia que cada uno utiliza para evaluar este bienestar. Si una persona es muy exigente y quiere cubrir unas necesidades con expectativas muy altas, se frustrará. Por lo tanto, es importante que seamos benevolentes con nosotros mismos a la hora de decidir nuestro bienestar.
Si nos encontramos en un momento de insatisfacción, intuimos que debemos cambiar nuestra actitud enfrente a una necesidad o creemos que debemos modificar los criterios de evaluación de alguna área de nuestro bienestar. Debemos analizar bien, observar qué queremos, definir cada necesidad, pensar cómo conseguiremos lo que queremos y pasar a la acción. Entonces, nos acercaremos al bienestar que deseamos.
Para hacer la práctica de este ejercicio, el próximo sábado 4 de octubre realizaré un taller de coaching para el bienestar: “Modela tu vida ideal”. Dónde conseguirás definir su bienestar, encontrar lo que necesitas hacer y las herramientas que tienes para llevarlo a cabo.