“El buen amor”

Una de las necesidades más profundas de los seres humanos es la de pertenecer, estar en contacto y sentirse unido amorosamente con otras personas.

Este sentido de pertenencia nos lo dan en la infancia los padres y familia y en la edad adulta otras personas , especialmente la pareja.

El encuentro con una pareja es un espacio privilegiado que nos expone a lo extraño: otra cultura, creencias, historias ofreciéndonos la posibilidad de crecer a través de la exposición a lo ajeno y de su integración. La diferencia con las relaciones con los padres es que aunque sea un vínculo profundo; está basada en un contrato, es una relación condicional.

En esta relación vemos en el otro nuestros anhelos, expectativas y deseamos que cubra y complete aquellos que no se completó en nuestro pasado afectivo.

Después del encuentro de la pareja, la fase de enamoramiento y la llegada al compromiso podemos establecer criterios que son indicadores del bienestar de la misma:

1. que sea fácil; que la relación fluya sin demasiado esfuerzo.

2. que se trate de dos naturalezas no demasiado diferentes, que le comprender al otro no esté más allá de nuestras capacidades.

3. que los miembros de la pareja sean verdaderos compañeros que puedan compartir como amigos.

4. tener fe y confianza plena en el otro, eso sí, sin la exigencia de garantías.

5. el deseo espontáneo de que el otro esté bien.

6. el equilibrio entre dar y recibir pues no es grato ni el papel de deudor ni el del acreedor y el intercambio es imprescindible para la supervivencia de los individuos y los sistemas.

También es imprescindible tener en cuenta que cuando se une una pareja no lo hacen dos personas sino dos sistemas, pues cada una ha nacido en un sistema ya preestablecido pero esa unión es una nueva oportunidad para aprender a amar, para arriesgarse de nuevo a confiar en el amor, para vaciarse de prejuicios defensivos y crear un nuevo vínculo que tenga prioridad sobre los vínculos anteriores.

El triunfo más profundo se da cuando cada miembro de la pareja puede aceptarse a sí mismo con toda su historia de procedencia y también al otro con su sistema, en lo bueno y en lo doloroso sin lucha de poder ni competiciones y con equilibrio en el compartir, aceptando y queriendo tal y como es el otro y siendo querido y aceptado tal como es uno.


¡Buen amor para todos!.


‘El buen amor en la pareja’. Joan Garriga
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Rosa Llano