El cerebro está en las manos

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Paseando esta tarde he dado con un mercadillo en el que había unas colchas indias que me han gustado desde lejos. Me he acercado para verlas mejor y he pedido que me las enseñaran, no sólo para observarlas con más detenimiento, sino también para tocarlas. Y a eso es a lo que voy. El tacto es una manera como pocas de recibir información, de percibir estímulos y de enviar a nuestro cerebro infinidad de datos a partir de los cuales interperetará la realidad y evaluará situaciones.

El bebé lo toca todo. En su necesidad de conocer y hacerse con el entorno que le rodea el tacto es fundamental. Toca a las personas que tiene cerca, toca sus pies, su cara, toca cualquier objeto al que se le permite llegar, toca la comida y si puede la estruja y juega con ella. En un sinfín de situaciones el niño utiliza el tacto como fuente principal de conocimiento y más que en niguna otra etapa de la vida el cerebro está en sus manos. De adultos, con las obvias restricciones que imponen la educación y las maneras cambiamos esos hábitos y restringimos el tacto a ámbitos más utilitarios, o exclusivamente personales como expresión de afecto.

Las manos son la parte del cuerpo que posee más áreas conectadas con el cerebro. Gracias a la oposición del pulgar y a lo que eso permitió en cuanto a aprendizaje y adquisición de técnicas nuevas, el cerebro del homínido, entre otros factores, fue evolucionando hasta llegar a ser como es ahora. La relación entre el cerebro y las manos es interdependiente ya que se retroalimentan mutuamente. El trabajo manual, ya sea en 1353905751793jardinería, horticultura, artesanía o manualidades se utiliza como terapia con óptimos resultados en casos como rehabilitación de drogodependencias, patologías mentales o reclusión carcelaria. Trabajar con las manos, por la concentración y minuciosidad que implica activa una serie de mecanismos que promueven la relajación y la serenidad así como, posteriormente, la satisfacción de ver la obra realizada con todo lo que eso conlleva.

Los que nos dedicamos a las terapias y trabajamos con alguna técnica manual, sabemos cuánto nos sirve, en una primera visita, la toma de contacto a través del tacto. Es una manera única de recibir información sobre esa persona que de otra manera no nos llegaría, porque el cuerpo habla por sí solo sin que medien palabras y esa primera información nos es muy útil para enfocar la terapia y el posterior tratamiento.

Hay que recuperar un poco esa primera parte de la infancia en la que el tacto es tan fundamental. El cerebro obtendrá así una información de primera mano (y nunca mejor dicho) que nos permitirá adqurir un conocimiento más rápido y directo de la realidad que nos rodea. Uno, si toca , tiene la sensación de que forma más parte de todo y se siente menos solo.