El contacto físico, una necesidad humana.

 

Las caricias y el contacto físico cuando somos bebés son tan importantes y tan básicos como comer o dormir. Cuando somos niños esto es algo, que salvo casos extremos, conseguimos con facilidad. Los niños pequeños son abrazados y besados y ellos mismos abrazan a los demás cuando lo desean.

A inicios del siglo XX Rene Spitz observó que la tasa de mortalidad infantil era mucho más elevada entre los neonatos que carecían de estímulos positivos, particularmente cuando en las maternidades eran aislados de sus madres y las enfermeras sustitutas trataban a los recién nacidos con total desdén.

Este fenómeno, que se conoce como «hospitalismo», puede hacer que, aunque los niños estén bien atendidos desde el punto de vista de la salud, al faltarles el contacto y cariño diario con los seres queridos presenten cierto retraso psicomotor y sean inmaduros, inseguros, apáticos, e incluso puede aumentar la vulnerabilidad ante enfermedades, y por lo tanto, la tasa de mortalidad infantil.

Documentación más concreta sobre este fenómeno es la procedente del “experimento” ordenado por Federico II dePrusia; éste, inspirado por la tradición militarista que caracterizaba a su linaje, pretendió formar soldados perfectos, y para esto consideró que no debían tener ningún afeminamiento o sentimiento de compasión; para prevenir esto creyó que la solución era criar a los niños, desde el parto, sin ningún estímulo afectivo positivo.

De esta manera, Federico II hizo construir una maternidad cuyo edificio parecía perfecto en cuanto a la higiene material. En tal edificio un grupo de bebes era cuidado por un conjunto de enfermeros y enfermeras que tenían la obligación de alimentar, asear, etc., perfectamente, pero la orden absoluta era que nadie diera la más mínima muestra de cariño (ni siquiera con el tono de voz) a las criaturas. El resultado de tal experimento es que todos los bebés fallecieron en pocas semanas. La explicación dada entonces para el deceso masivo fue la existencia de una epidemia pese a la absoluta asepsia del lugar.

Más de un siglo después Spitz descubrió el motivo real, que como ya se ha dicho era la ausencia de estimulación positiva dada a los niños pequeños.

 

¿Qué pasa con los adultos?

Aunque existen importantes diferencia culturales y sociales. La sociedad occidental limita bastante el contacto físico entre adultos y éste está circunscrito al ámbito familiar o de las amistades cercanas. Las personas que viven solas, con poca familia o amigos, pueden tener dificultades para sentir el contacto físico de los demás.

Esto puede suponer un problema, ya que como en el caso de los bebés, el contacto físico es beneficioso e incluso necesario en todos seres humanos, independientemente de la edad.

Beneficios del contacto físico.

 

El contacto físico activa una serie de mecanismos fisiológicos que contribuyen a nuestro bienestar emocional. En concreto, disminuye la producción de cortisol (hormona relacionada con el estrés), aumenta la producción de oxitocina (hormona relacionada con el afecto), aumenta los niveles de serotonina (produciendo un efecto relajante), además de disminuir la presión sanguínea y el ritmo cardíaco, y fortalece el sistema inmune.

Por lo tanto, el contacto físico es una herramienta al alcance de todos que constituye un arma poderosa para reducir el estrés, que ayudará a enfermar menos frecuentemente y a sentirnos mejor en un sentido más global.

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