El juego de la silla

Este pasado confinamiento nos hizo poner el foco en nuestra propia vida. Nuestra situación vital quedó enmarcada, sostenida en el tiempo. ¿Estoy donde quiero estar? ¿Estoy con quien quiero estar? ¿Quiero estar sol@? Como si el futuro hubiera venido a hacernos una fotografía de nuestra vida presente, de esa escena y en ese marco. Y pararnos ahí. Como en el juego de la silla. A ver en que silla te has quedado quiet@. Si en la silla acolchada que te hace sentir cómod@ o en esa silla dura que no es capaz de adaptarse a tu cuerpo ni tu a ella.

Hay muchas vidas que se sostienen como un juego de manos en el que las cartas siempre están en movimiento y así la realidad no pesa. La vida social y laboral a veces mantiene el equilibrio.

En el confinamiento las relaciones interpersonales se quedaron más quietas que nunca. Y se debía afrontar si o si lo que tenías en casa. Por eso aumentaron tanto los divorcios.

Pienso en todas las situaciones de maltrato y violencia que se debieron vivir. Las relaciones rotas. La soledad mal vivida por impuesta. El extra de vida familiar sin escapatoria. Los planes de futuro aniquilados. Esas vidas que hasta ahora se llevaban con más o menos ligereza porque lo de fuera compensaba lo de dentro. Y lo de dentro no se quería pensar mucho porque así era más fácil.

Igual esta situación ha despejado ruido y bruma para coger fuerza, pasar a la acción y escoger otra vida, otra foto, otra silla. Muchas personas han acudido a terapia con esa intención.

También hubo descubrimientos. Los que por fin disfrutaron de la soledad. Los que volvieron a conocer a su pareja. Los que por fin pasaron tiempo con su familia. En fin…los que volverían a elegir la misma silla si el juego volviera a empezar.