El malestar, la punta del iceberg en el proceso de terapia.

 

Por lo general, cuando una persona decide iniciar un proceso terapéutico lo hace porque su malestar empieza a ser muy acentuado y suele buscar alivio a sus síntomas. Los síntomas que podemos ver en terapia pueden ser de muy distinta índole como taquicardias, temblores, opresión en el pecho, apatía, adicciones, etc.

Los síntomas que trae la persona a terapia cumplen una función. Por ejemplo, sirven para ayudarnos a evitar ciertas cosas o para protegernos de otras, e incluso buscan obtener lo que uno no se atreve a pedir.

Un síntoma siempre tiene un significado, es un indicador luminoso que atrae nuestra atención y nos informa de que algo está sucediendo. Es tan útil como el pilotillo que se enciende en el coche para avisarnos de que hace falta gasolina o aceite. Los síntomas indican una disfunción, la existencia de cierto malestar interior, dolor y sufrimiento.

A nadie le gusta experimentar dolor emocional, pero al igual que pasa con el dolor físico este cumple una función de alarma sumamente útil para las personas, nos avisa que hay algo en el sistema que debe ser ajustado.

El síntoma en el cuerpo invariablemente molesta. La primera reacción es querer eliminar esa molestia que viene de fuera a perjudicarnos. Sin embargo el síntoma físico es la mejor señal de la que dispone el ser humano para buscar el origen del desequilibrio. Los síntomas son señales portadoras de información precisa. Por eso es necesario aprender y comprender el lenguaje de los síntomas.

La metáfora del iceberg en psicoterapia.

El iceberg es una gran masa de hielo flotante, desprendida de un glaciar o de una plataforma de hielo, cuya parte superior sobresale de la superficie del mar. Los síntomas visibles o externos son lo que a modo metafórico llamamos “la punta del iceberg” y lo que debemos trabajar es esa parte que queda “debajo del mar” y que sustenta el “iceberg visible”.

Y ¿qué es lo que hay en la base del iceberg? En la base podemos encontrar el origen del problema, que puede ser un conflicto en nuestro sistema, un bloqueo, una experiencia traumática, un vínculo poco seguro en nuestra infancia, etc.

Todos deberíamos darnos la oportunidad de preguntarnos a nosotros mismos: ¿por qué apareció este síntoma en mi vida?, ¿qué querrá decirme? ¿Por qué está apareciendo este síntoma ahora? ¿Qué debo cambiar en mí para ya no necesitar de este síntoma?

Un proceso psicoterapéutico puede darme la oportunidad de explorar esa base del iceberg sumergida para explicar, entender y tratar aquello que nos molesta de nuestro presente.