“El mismo amor, la misma lluvia”

“Mira no es una relación como la que tuvimos nosotros no, que la verdad con Esteban es mucho mas tranquilo, respeta mi trabajo, respeta mi vida, yo lo respeto mucho a él y bueno… no sé, yo pensaba que lo otro, que ese fuego era amor, y ahora me doy cuenta de que no, de que es fuego, te quema y nada más, entendí que el amor es otra cosa que tiene más que ver con el cariño, con el compromiso, con las cosas compartidas, con la seguridad, con la confianza , eso es amor no esa cosa adolescente de Romeo y Julieta que… ¡a mí ya no me enganchás con un cuento o pintándome un retrato!, sabes además que cuando yo me propongo algo…”

Hoy os invito a que veáis y disfrutéis la película El mismo amor, la misma lluvia, una historia llena de encuentros y desencuentros de una pareja argentina de los años ochenta. Jorge y Laura, él una joven promesa de la literatura Argentina aunque vive de los cuentos románticos que escribe, ella una soñadora camarera que sigue esperando que regrese su novio, un artista que está montando una exposición en Uruguay.
A lo largo de casi dos décadas, descubrimos las alegrías, las ilusiones, las desilusiones y la esperanza de estos dos personajes y su entorno.
Lo que más me llamó la atención fueron los rasgos de Jorge, el protagonista, porque me recuerdan al Síndrome de Peter Pan, un hombre-niño que se resiste a crecer, a madurar, lo que le provoca una incapacidad para cuidar, proteger y llevar hacia delante una relación de pareja.
Es una persona divertida, con ganas de disfrutar de todos los aspectos de la vida, pero en apariencia porque en el fondo es un hombre inseguro, con un terrible miedo al rechazo o al abandono, que frente a la formalización de la relación, empieza a pensar en ésta, a dudar, se asusta y como Peter Pan empieza a volar, a huir.
Jorge siente el terrible miedo al compromiso. Porqué nos surge miedo?
Nos creamos una burbuja de bienestar, una zona de seguridad y cuando vemos que puede peligrar ésta es cuando aparece el miedo, cuando pensamos o creemos que va a producirse un cambio que puede desestabilizar nuestra seguridad.
A veces valoramos la relación como algo que resta, perderemos intimidad, no tendremos tiempo para nosotros, tendré que preocuparme del otro,…, en vez de verlo como que nos aporta, nos suma, cuando ocurre esto es cuando nos aparecen las dudas, las inseguridades y los miedos.
Solemos vivirlo como si fuera una balanza, en un lado aparecen los recursos que tenemos y en el otro lo que tenemos que afrontar, que superar, cuando hay un desajuste en el peso es cuando se hace presente esa inseguridad y ese malestar. Y ese miedo hace que nos cueste tomar decisiones porque implica un cambio, el cual tememos porque podemos perder nuestra zona de seguridad.
Cuando Jorge empieza a tolerar sus frustraciones, se empieza a preocupar por el bienestar de los otros, acepta los compromisos y entiende que el tomar decisiones implica una pérdida, es cuando se hace cargo de su propia vida, de sus debilidades y de sus miedos,…, es cuando crece, se expresa emocionalmente y afirma “no tendría que escribir de nada yo. Tendría que escribir solamente del Miedo, de eso puedo dar cátedra. Por miedo te perdí…”
Una frase que me llevo, de entre otras muchas,…
“A veces pienso que las charlas sin importancia, en lugares sin importancia, fueron los momentos más importantes de mi vida…”
Mireya Larin
Psicóloga