ELEGIR LA LIBERTAD

descargaCuentan que una alondra se encontraba en su jaula de oro, balanceándose al sol. Sobre su cabeza vio volar otras aves batiendo las alas, dibujando círculos. Se preguntaba el porqué de su melancolía, si tenía todo lo que podía desear: una hermosa jaula siempre limpia, agua fresca y comida en abundancia. Su amo la cuidaba con esmero y la mimaba con bonitas palabras. Sin embargo, la alondra no era feliz. Se preguntaba cómo sería vivir fuera de su jaula de oro. Tanto fue así que un día en que su amo olvidó la puerta abierta, siguiendo su impulso, se abalanzó sobre él picándole los dedos y se escapó. De repente volar libre le pareció lo más hermoso de la vida. Se unió a otras aves con las que trazó bellas figuras. Voló a ras del mar y sobre el sol. Pero al llegar la noche comenzó a llover y tuvo que buscar refugio empapada. También se sintió hambrienta y se vio obligada a compartir con otros pájaros algunos frutos. Pasaron los días y la alondra descubrió los dos lados de su libertad. Pero sobretodo, sintió melancolía por abandonar a su buen amo al que tanto quería. Por eso decidió acercarse a la que fue su casa y ver si su amo la había olvidado. Comprobó que su jaula seguía vacía en su sitio, con la puerta abierta, y sin pensárselo dos veces, entró en ella y se sintió de nuevo en casa. El amo, al ver a la alondra en la jaula a la mañana siguiente, saltó de alegría y no podía creer que hubiera decidido volver. Y desde ese entonces, dejó la puerta abierta de la jaula para que pudiera salir a volar libre y regresara a casa cuando quisiera. Como fue siempre de ahí en adelante.

299812_10152632513960263_1818993412_nEn muchas ocasiones en nuestra vida intentamos valorar las cosas siguiendo criterios rígidos o externos a nosotros, pensando en lo que está bien y lo que está mal o lo que se debe o no se debe hacer. En esas ocasiones ‘objetivamente’ no tendríamos motivos para ‘quejarnos’ pero no podemos evitar sentir desazón. De nuevo intentamos que nuestra razón gobierne nuestras emociones, convencernos de que es lo más sensato o que no hay elección.

No hay elecciones buenas ni malas por si mismas. Hay elecciones a secas, y sólo podemos ser plenamente felices cuando las tomamos desde la libertad. Cualquier situación que aceptamos como impuesta, sintiendo que no había otra posibilidad, nos hará sentir presos, insatisfechos. Sólo observando con perspectiva y viendo las verdaderas opciones que teníamos podemos escoger libremente quedarnos o irnos.

Cuando una situación no acaba de resolverse, produce envidia o rencor observar a otros, seguramente no sentimos (más allá de lo que pensemos) que estamos donde queremos estar ¿Qué elecciones has hecho en tu vida? ¿Cómo tomas tus decisiones? ¿Qué te hacen sentir actualmente? Recuerda que en la vida siempre tenemos derecho a cambiar de opinión y nadie tiene el poder de saber qué pasará en el futuro o si eso es lo que más te conviene. Sólo tú puedes decidir qué es lo mejor para ti.

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