Emociones tóxicas

Emociones tóxicas

Hemos comentado muchas veces que en realidad no existen emociones negativas o positivas en el sentido de ‘permitidas o que no se deben permitir’. Ya sabemos que todo aquello que sentimos responde a una coherencia vital que requiere de respeto y cariño para tratarlo y para tratarnos mejor a nosotros mismos.

Sin embargo, es cierto que algunas de ellas pueden no sernos útiles cuando llegan a la cronicidad y no se resuelven en nada que podamos considerar útil en nuestra vida. La tristeza o la rabia son estadios de los cuales se puede aprender y salir fortalecidos, asumiendo un aprendizaje. Pero no ayuda en nada a la persona que, por ejemplo, vive en una constante insatisfacción o ‘enfadado con el mundo’. En ese caso, la emoción está enmascarando otra e imposibilitando que se transformen y fluyan las demás.

La palabra emoción proviene del latín e – movere, es decir, moverse hacia. Con su propio significado podemos entender que si lo que sentimos no nos moviliza hacia algún lado, no estamos funcionando de forma productiva para nuestro bienestar.

Para ayudarnos a reconocer cuales son estas emociones que no nos ayudan, el autor Bernardo Stamateas nos presenta un libro titulado ‘Emociones tóxicas’, en el cual nos da una serie de pautas para liberarnos del desgaste emocional innecesario.

Emociones tóxicasLa ansiedad, la angustia, la insatisfacción crónica, el apego, la envidia, la culpa, el rechazo, los celos o la frustración son algunas de las «emociones tóxicas» que nos ayudará a identificar y gestionar para alcanzar el equilibrio interno. La propuesta de este libro es otorgarle a cada emoción el verdadero significado que tiene, considerando que no puede ser controlada desde afuera –por el entorno-sino desde adentro de nuestra vida ¿Y por qué sucede que esas emociones se instalan? El autor nos lo explica así:

“Pues porque les das la categoría de estado: ‘estoy triste’, ‘estoy angustiado’, ‘soy miedoso’… Cuando las emociones hay que sentirlas, son una reacción a un estímulo, algo las inicia y finalizado el estímulo terminan, y además este estimulo debería ser externo. Cuando reaccionas emocionalmente a estímulos que has interiorizado, las emociones ya se convierten en cíclicas y te están secuestrando, ya que estas creando en tu mente estímulos de un modo repetitivo, y que ya no existen en tu entorno. Por lo tanto cualquier emoción que reprimas o guardes fácilmente se convertirá en tóxica.”

La lectura de este libro da pautas sencillas y concretas para liberarnos de la ‘toxicidad’, con un lenguaje directo y accesible y con ejemplos cotidianos que nos ayudarán a reconocer nuestros hábitos menos saludables.

Os dejo un enlace en el que Stamateas nos habla de cómo en la comunicación podemos reconocer que algo no está fluyendo tanto en nuestro interior como en personas cercanas con las que podemos tener conflictos.