EMPEZAR POR SANAR EL CUERPO

Como se ha apuntado en otras ocasiones, el cuerpo acaba reflejando todo proceso de desgaste mental o emocional sostenidos en el tiempo. Ante situaciones no resueltas que requieran de una adaptación y un reajuste constantes para poder sobrellevar el día a día, el organismo invierte una gran cantidad de energía. Lo primero que se percibe es la sensación de estrés, tensión o nerviosismo asociada a la situación. Sin duda eso conlleva, en la mayor parte de los casos, alteraciones del sueño. Costará conciliarlo, será un sueño interrumpido, la persona se despertará antes de tiempo y la sensación de cansancio le acompañará durante todo el día. También la alimentación se verá afectada. Puede haber falta de apetito o al revés, ingesta descontrolada y compulsiva comer cualquier cosa entre horas, saltarse las principales comidas y ,en muchos casos consumir alimentos que, aunque gratificantes emocionalmente, carecen de propiedades nutritivas. Al mismo tiempo, si se practicaba algún deporte, es probable que por puro cansancio, se abandone, incrementando aún más la debilidad.

Todo esto acaba sumiendo a la persona en una situación de la que es difícil salir. Se es consciente del origen emocional del proceso, pero el vehículo físico está tan bajo mínimos que no es capaz del esfuerzo, la voluntad y la energía necesarias para iniciar el proceso terapéutico que ayudará a solventar el problema. Por esa razón, lo primero que hay que hacer es tratar ese desgaste y agotamiento físicos que hacen que la persona no sepa ni por dónde empezar. Recuperar hábitos saludables y reparadores es fundamental. Se debe procurar paulatinamente que la alimentación vuelva a ser equilibrada y lo más sana posible, así como conseguir de nuevo un sueño reparador. En muchos casos el sistema inmunológico se ve afectado y se dan procesos infecciosos con más frecuencia (gripales, virus intestinales, o infecciones de orina, entre otros). Para ayudara esta recuperación la medicina natural cuenta con muchos recursos, ya sea en forma de suplementos (fitoterapia, oligoelementos, jalea real y sus derivados, entre otros) o a través de sus diversas terapias (medicina china, acupuntura, naturopatía, homeopatía o masajes, por citar algunas) que ayudarán a la persona a superar ese agotamiento y le darán las fuerzas necesarias para iniciar ese reequilibrio emocional tan necesario.