En busca de la felicidad

En busca de la felicidad, película basada en hechos reales, narra la vida de Chris Gardner, de cómo va superando el difícil camino que le ha tocado vivir.

Chris es un vendedor brillante y con talento pero con un empleo que no le permite cubrir sus necesidades más básicas, su esposa cansada de sus sueños laborales y de los problemas financieros lo abandona a él y a su hijo de cinco años. La situación empeora considerablemente cuando le echan de su piso quedándose ambos sin ningún lugar al que ir. A pesar de todas las dificultades que se encuentra consigue con el amor que le tiene a su hijo y la estima que tiene de sí mismo las fuerzas para no rendirse, para afrontar todos los obstáculos y perseguir sus sueños.
Nos enseña que es posible conseguir el éxito, con coraje, seguridad e inteligencia, aunque partamos de la nada.
¿Por qué ante un problema unos nos hundimos y otros crecen, emergen? ¿Por qué unos estamos insatisfechos, infelices y otros aman el día a día? Todo radica en la actitud, en cómo y de qué forma manejamos nuestros pensamientos, sentimientos y si nos permitimos la acción. Tenemos el poder en cada momento o situación de elegir cómo vivir nuestra vida, por lo que hemos de sentirlo como una constante sucesión de oportunidades.
Hay una escena de la película que destacaría por la actitud, la invitación a la acción y cómo lección de vida:
“Padre e hijo juegan en una cancha de baloncesto, el niño encesta y emocionado le dice a su padre, voy a llegar a profesional! Gardner intenta quitarle la idea de la cabeza comparándole con él mismo, lo que hace que el pequeño se desmotive y tire el balón,…, se da cuenta, reflexiona y le dice:
– Eh! Nunca dejes que nadie te diga que no puedes hacer algo. Ni siquiera yo, vale?
– ¿Vale?
– Si tienes un sueño debes protegerlo. Las personas que no pueden hacer algo te dirán que tú tampoco puedes. Si tú quieres algo ve a por ello. Punto.”
Es necesario adquirir un compromiso con nosotros mismos, permitirnos sentir, tomar conciencia del aquí y ahora para vivir nuestro presente y no dejar que nos cuestionen e infravaloren nuestro sentido de vida.
Recuerdo una metáfora que habla sobre el efecto de las emociones en el cerebro, “La infusión emocional”. Si ponemos una bolsita de té en agua, ésta se empieza a colorear del color del té, de la misma forma si uno pone una emoción en el cerebro, ésta colorea el presente y el pasado de nuestra vida.
El agua sería la forma de ver las cosas, de cómo las procesamos. Se trata de un mecanismo de las emociones, para que seamos más conscientes de ellas. Si estamos tristes, veremos las cosas con pena pero nos permitirá centrarnos en los posibles problemas. Si tenemos miedo, el temor nos permitirá estar atentos. De la misma forma podemos poner una infusión de emociones positivas en nuestra vida, como recurso para disfrutar de la vida.
Debemos valorar el cómo y de qué forma usamos nuestras emociones porque éstas influyen en cómo caminamos por la vida.