Encuentra tu ritmo interno

Después de las vacaciones de Semana Santa, más menos largas, la opinión generalizada es que ha sabido a poco, que necesitaríamos más y que cuesta de nuevo subirse al carro del día adía cotidiano,del ritmo que marca el reloj. Pero como que no hay otro remedio, uno se adapta y con más o menos habilidad nos integramos de nuevo en la vida que siempre llevamos.Si esta es rápida, llena de actividad,absolutamente programada y casi voraz, puede que, en poco tiempo, volvamos a sentir la necesidad de parar, de tomar aire y de recuperar nuestro propio ritmo interno y no el del reloj o la agenda.

Ritmo Frenético

Y es a eso a lo que voy. Muchas veces no es posible cambiar de actividad tan fácilmente, ni por supuesto dejar de trabajar. Pero sí hay que tender a equilibrar ambos ritmos, el que llevamos (o nos hacen llevar) y el que necesitaríamos de verdad. En la medida de lo posible, podríamos intentar modificar la agenda en nuestro beneficio para encontrar espacios aparentemente no “productivos”, pero nuestros y hacer con ellos lo que realmente nos apetezca.

Esa debe ser la tendencia, aunque no siempre sea viable. No obstante,sí es posible, en medio de la actividad, encontrar ese ritmo interno más pausado y que nos permita no perder el norte. Es una cuestión de actitud mental pero también, como siempre, de actitud corporal. Si somos capaces periódicamente de chequear nuestro cuerpo, observaremos cómo está: ¿se ha tensado nuestra musculatura?, ¿la respiración tiene buen ritmo o es corta y superficial?, ¿estamos apretando la mandíbula?. Todo eso nos dará la medida de cómo estamos. Nuestro cuerpo avisa de que , una vez más, el ritmo externo ha podido con el interno y andamos como locos tras él.

Son muchas las actividades y obligaciones que tenemos, pero hay que controlar el agobio que pueden generar si dejamos que nos engullan. Una tras otra, si puede ser con alguna pausa entre ellas, se irán llevando a cabo. Si desde fuera no nos invaden el pánico y el nerviosismo, nuestro ritmo interno se mantendrá sereno y a su vez ayudará a que el ritmo externo no sea tan frenético. Ambos se retroalimentan e influyen mutuamente y encontrar el equilibrio consiste, precisamente, en que ambos ritmos se equilibren también.