Escoger bien es una cuestión de actitud, no de resultados

Dudar implica estar entre dos opciones contradictorias, es un estado por el que inevitablemente pasamos varias veces al día. Imaginemos lo complicado que resulta vivir con la dificultad para resolver esos dilemas diarios. Y si además, somos exigentes y nos empeñamos en “escoger bien”, aquí las dudas se multiplican por mil, y puede producirse un bloqueo.
En terapia nos encontramos frecuentemente personas que presentan dificultades para manejarse en la incertidumbre, personas que no saben qué hacer ante una duda y esos les genera una importante fuente de estrés y angustia.
Según Nardone, la duda, bien dominada y bien orientada, puede ser el trampolín del lanzamiento del pensamiento creativo y conducir al descubrimiento de nuevos dominios de pensamiento, mientras que, combatida y reprimida, se transforma en el tirano que persigue el pensamiento y en el resorte del pensamiento obsesivo.
Cómo hacer entonces para caminar seguros ante una duda? Lo principal es tomar conciencia que escoger bien no debe basarse únicamente en los resultados. La actitud de seguridad que adoptamos ante una dicotomía es más importante que el resultado, ya que, en éste nunca existen garantías. El mejor garante siempre será nuestra seguridad, nuestra autoestima. Si nos conocemos bien, sabemos escuchar nuestras sensaciones físicas y emociones, sabremos decidir qué es lo mejor para nosotros, teniendo en cuenta que “lo mejor para mi no tiene por qué ser lo mejor para otra persona”, porque nuestro sistema de valores y creencias, nuestras experiencias, aprendizajes y, en definitiva, lo que ha configurado nuestra personalidad, puede diferir muchísimo entre unos y otros. Cómo podemos tener la certeza de que la opción que escojamos es la mejor? La respuesta es: no podemos nunca tener esa certeza. Y eso nos expone irremediablemente a tener que desarrollar la capacidad para tolerar la frustración y la capacidad para saber tranquilizarnos cuando la opción escogida ha generado una asimetría con respecto a nuestras expectativas, cuando nuestra decisión no era lo que esperábamos. Y entonces debemos poner en práctica estrategias para rescatarnos del dolor, tranquilizarnos y preservar nuestra valía, independientemente de cómo nos haya ido con respecto a nuestra decisión.
La capacidad para decidir está ligada, pues, a la autoestima.La confianza en uno mismo no sólo es necesaria en el día a día del trabajo sino también a nivel personal, familiar y social. Y es que una alta autoestima es fundamental para afrontar las dificultades que se presentan en la vida y tener la energía necesaria para tomar decisiones, aunque no siempre el entorno esté de acuerdo con ellas.