ESTAR PRESENTE es mucho más que compartir la misma habitación.

El otro día una persona me hablaba de su preocupación por su hijo adolescente. Lo veía perdido; acababa de romper con su pareja y estaba en un momento que dudaba si seguir los estudios o trabajar. Pero sin tomar ninguna decisión y no quería hablar del tema. La persona con la que hablaba quería forzarle a que se decidiera ya, por una de las opciones. Me preguntó qué debía hacer. Cuando le pregunté qué necesitaba su hijo. Me miró con cara de sorpresa, no se lo había planteado antes.
Le hice cerrar los ojos e imaginar una situación en su vida en la que hubiera experimentado algo parecido, y después le pregunté que hubiera necesitado de sus padres. Su respuesta fue; comprensión, apoyo y escucha. Se fue reflexionando sobre esto y unos días después me comentó que su hijo le estaba empezando a explicar cómo se sentía. Lo que esta persona había hecho diferente fue “estar” (escuchar, en vez de hablar y no dar soluciones) y que su hijo lo percibiera.

Hace un tiempo me llegó esta imagen y no me dejó indiferente.

Me surgen diferentes preguntas de reflexión:

¿Cuántas veces creemos que sabemos cómo está nuestro hijo/a y no dedicamos un tiempo para averiguarlo?
Estar en una misma habitación con nuestros hijos no es lo mismo que dedicar tiempo a estar con él.
¿cómo nos hubiera gustado que nuestros padres se hubieran relacionado con nosotros? ¿es cómo lo hacemos con nuestos hijos?
¿Cómo se podrían crear puentes de conexión? 

Estas son algunas de las cuestiones que me han surgido. ¿qué más cosas te sugiere la imagen?