¡Hablamos de tí!

Imagina esta conversación:

Estas en un bar tomando un café, compartes mesa con dos familiares tuyos, tú estás leyendo las noticias del periódico, y aunque estás concentrado en lo que lees puedes escuchar perfectamente lo que se está hablando a tu lado. En un momento determinado, oyes que en la mesa dicen tu nombre (pongamos que es Joan). Tu atención sin quererlo (nuestro nombre tiene ese poder) se dirige hacia donde te han nombrado, pero no levantas la vista, haces ver que sigues concentrado en tu lectura.

El diálogo trascurre más o menos así:

-“¡Joan es un despistado. Se deja el móvil en todos los sitios. Pasa de todo!”-. La otra persona que está en la conversación, sorprendida pone cara de pánico y con señas discretas le hace ver a la primera que Joan está sentado con ellas. La que ha iniciado la conversación, pone cara de ser consciente y además dice; -“¡Ya, pero no se entera de nada. Está leyendo! Pues lo que te decía; es un desagradecido, no tiene en cuenta que se lo he comprado yo. Y ¿cómo lo va a encontrar?, si es un guarro, deberías ver cómo cuida sus cosas, su habitación da vergüenza. A mí me da asco “ (la conversación sigue un rato más en esta misma línea).

Antes de seguir la lectura quiero que pares y responsas varias preguntas; Dedica unos segundos a reflexionar.

• ¿cómo te sentirías? Podría ser que te aparezcan emociones como de sorpresa, rabia, frustración, tristeza, vergüenza, pequeño… ¿Cómo puede influir esto en tu autoestima?
• ¿Qué pensarías del familiar? Sería algo así como que es un maleducado, que no te valora, y no le importa lo que piensas o puedas sentir. Quizá llegarías a decir que existe una cierta relación de maltrato. ¿cómo te afectarían estas respuestas para valorar a tu familia?

Este tipo de conversaciones las he escuchado con mucha frecuencia. Lo sorprendente es que se dan entre los dos padres (padre y madre); padres con conocidos, con los maestros, o incluso los progenitores dialogando con desconocidos, siendo la persona diana de las criticas sus propios hijos.

Piensa que tus respuestas a las preguntas que te he planteado anteriormente pueden ser muy parecidas a las que tendría tu hijo/a. Y puede tener un efecto muy negativo en su autopercepción. Lo peor que puede pasar es que se crea lo que dices de él o de ella.
¿Cuántas veces has hablado de ellos/as estando delante?

La próxima vez que hables de tus hijo/a, hazlo sabiendo que te está escuchando. Quizá así tus comentarios serán más amorosos.