HANNYA, el “demonio” de los celos

La máscara de la ira

El teatro Noh es una de las artes escénicas japonesas más antiguas. Tradicionalmente protagonizada solo por hombres, consiste en una representación basada en una bella sincronización de danza, música, representación coral y mímica que tiene como característica principal el uso de máscaras para simbolizar emociones relativas a los distintos personajes de cada obra.

Una de las máscaras más conocidas es la llamada Hannya, que representa el odio y la ira y que aparece en el teatro Noh asociada habitualmente a mujeres que enloquecen por los celos que albergan en su corazón y que se convierten en este demonio de dientes afilados, cara descompuesta, cuernos amenazantes y símbolos triangulares que intentan emular las escamas de una serpiente; porque los celos son como una serpiente en nuestro interior que se va apoderando de nuestra esencia.

Salvando el hecho cultural de que se haya asociado tradicionalmente a mujeres, Hannya es una buena representación de lo que puede provocar en nosotros un sentimiento tan natural, pero tan destructivo si dejamos que se apodere de nosotros, como los celos.

El miedo al abandono

Digo natural porque los celos están presentes en nuestra naturaleza, por lo que cumplen una función. Cuando nacemos somos seres desvalidos que necesitamos de nuestras figuras de apego no sólo para poder sobrevivir sino para poder desarrollarnos adecuadamente, aportándonos un contexto de seguridad desde el que podamos empezar a explorar el mundo. En este contexto tiene sentido que al sentir que la persona de la que dependemos para nuestro cuidado y bienestar se aleja de nosotros se pongan en marcha una serie de conductas dirigidas a recuperar su atención, activadas por el miedo al abandono y sentimientos de desprotección.

Los celos pueden aparecer a veces de forma motivada y otras veces sin motivo, pero siempre se alimentan de nuestras inseguridades y de nuestras carencias. El miedo al abandono activa de nuevo patrones arcaicos que un día desarrollamos para asegurar nuestra supervivencia y que no tienen cabida dentro de una relación sana, ya sea esta de amistad o de pareja.

Los celos hablan de nuestras carencias

A lo largo de nuestra vida establecemos lazos afectivos de diferente índole e intensidad y puede ser que en el seno de estas relaciones aparezcan los celos por temor a perder aquello que creemos que poseemos. Y aquí radica el peligro: en la creencia de que poseemos a esa persona, de que es algo nuestro. Si perdemos a esa persona, nos quedamos sin…. La respuesta a esta pregunta nos dará pistas de aquello que tanto tememos perder, y muchas veces habla más de nosotros mismos que de la otra persona o de la relación que tenemos con ella.

Si nuestro bienestar depende de otra persona, es natural que se despierten en nosotros emociones dirigidas a mantenerla junto a nosotros a toda costa, sin darnos cuenta de que en dicho camino hemos perdido ya aquello que ha desencadenado nuestra reacción.

Cuando dejamos que los celos se apoderen de nosotros y nos ponemos la máscara de Hannya, la rabia, la ira, el rencor y los deseos de venganza no sólo empobrecen la relación sino a nosotros mismos, nos intoxicamos de nuestro propio veneno. Las emociones que acompañan a los celos no hacen sino ensombrecer nuestra esencia y entorpecer nuestro crecimiento; nos anclan en un dolor recurrente que solo nosotros podemos dejar marchar.

Amar significa querer bien al otro, quiera esta persona estar o no a nuestro lado. Cuando amamos desde la confianza en nosotros mismos podemos elegir compartir el camino con otra persona más allá de la necesidad, porque no la hacemos responsable de cubrir nuestras carencias. Si no me falta nada, la otra persona no me completa sino que suma, lo que es la base de una relación sana.