El ser humano es similar a una casa de huéspedes.

 

En artículos anteriores de este blog ya desarrollé la idea que las personas equilibradas no luchan contra sus emociones, sino que las aceptan y las escuchan. Es decir, comprenden que cómo se sienten forma parte de los acontecimientos y que las emociones están cumpliendo su función, la de alertar sobre algún aspecto que no está funcionando de manera óptima en nuestro sistema. Por esto, es importante, dejar que las emociones fluyan, y que por lo tanto, pasen.

Para ilustrar esta manera de tomar nuestras emociones, sentimientos, pensamientos y demás visitantes el poeta de tradición sufí Rumi (1207-1273) nos regala este sabio poema:

LA CASA DE HUÉSPEDES.

El ser humano es similar a una casa de huéspedes.

Cada día llega alguien nuevo a la puerta:
Una alegría, una depresión, una maldad,
algunas percepciones momentáneas, que aparecen como visitantes inesperados.

Dale la bienvenida y atiéndelos a todos ellos,
incluso si llega un grupo de lamentos
que barren violentamente tu casa y vacían los muebles.
Aún así, haz los debidos honores a cada invitado.
Quizá te esté enseñando algo para tu regocijo.

El pensamiento oscuro, la vergüenza, la malicia,
sal a buscarlos a la puerta riendo, e invítalos a entrar.
Estate agradecido a quien quiera que venga,
porque cada uno ha sido enviado como un guía.

El valioso conocimiento que podemos extraer de esta breve lectura es que es importante aceptar nuestras emociones, pero también el resto de aspectos que nos generan malestar en nuestra vida.

Esta forma de manejar el interior de uno mismo facilita que una persona no se vea atrapada por sus emociones. No aceptar nuestras emociones con normalidad genera que éstas tomen significados negativos y que nos podamos llegar a identificar con ellas.

Al contrario de lo que pueda parecer aceptar no significa que nos debamos resignar, ya que en realidad cuando nos entregamos plenamente a una situación dada, aceptándola, esta se transforma. Contrariamente a lo que nos dice el sentido común, cuanto más tratamos de cambiar una situación resistiéndola y negándola, ésta se mantiene. La aceptación de una situación permite que se produzca el cambio.

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