¿Intuición o reflexión?

¿Qué tienen en común un psicólogo que ha aprendido a predecir si un matrimonio puede durar con sólo observarles unos minutos; un entrenador de tenis que sabe cuándo un jugador hará doble falta antes incluso de que la raqueta toque la bola; o un experto en antigüedades que reconoce una falsificación de un solo vistazo?

Son ejemplos que nos describe Malcolm Gladwell sobre personas que utilizan la intuición en el desempeño de sus profesiones.

¿Qué es la intuición?

Intuir es captar, sentir sin la intervención de un proceso consciente de razonamiento. El proceso intuitivo articula mediante una percepción holística indicios aparentemente insignificantes, triviales o poco llamativos.

Pensamiento intuitivo vs pensamiento reflexivo.

Según Gladwell quienes son buenos tomando decisiones no son aquellos que procesan más información o que dedican más tiempo a deliberar, sino aquellos que han perfeccionado su capacidad de intuición, es decir de extraer la escasa información que realmente importa de una gran cantidad de variables.

Por naturaleza, desconfiamos de esta clase de cognición rápida ya que vivimos en un mundo que da por sentado que la calidad de una decisión está directamente relacionada con el tiempo y el esfuerzo dedicados a adoptarla, pero en un mundo sobrecargado de información es frecuente que tomemos determinaciones acertadas sobre situaciones en cuestión de segundos, aunque no sepamos explicar por qué.

A veces el instinto vale más que mil reflexiones, esto es debido a que nuestro cerebro es una especie de ordenador gigantesco que procesa rápida y silenciosamente millones de datos, aunque no seamos conscientes de ello.

Cuando intuimos parece como si nuestro cerebro nos sugiriera una idea que no sabemos de dónde ha surgido. La intuición es una especie de trabajo subterráneo ya que procesamos la información inconscientemente. Este es uno de los aspectos que más lo diferencian del pensamiento racional, al cual debemos dedicarle tiempo y esfuerzo.

A diferencia del pensamiento reflexivo, la intuición solemos relacionarla con las emociones. Y es que cuando intuimos notamos que sentimos esa idea y no que la pensamos.

A diferencia de lo que podríamos pensar la ciencia no sólo se basa en el método científico, analítico y lógico, la intuición es la mayor responsable de su avance. El mismo Einstein fue un defensor de la intuición: “La única cosa realmente valiosa es la intuición”. En una entrevista realizada en 1930 explicó que intuía que su teoría de la relatividad era cierta y que por eso no se extrañó cuando otros científicos la confirmaron empíricamente.

Las personas intuitivas.

Las personas particularmente agudas e intuitivas llegan a captar información de una persona o situación que no ha sido “revelada” de manera explícita, y, por ello, pueden dar la impresión de tener un poder sobrenatural. Pero sabemos que siempre esa realidad oculta se da a conocer mediante indicios como gestos sutiles del rostro o cambios en el tono de voz, quiebres o pausas irregulares en el discurso, acciones casuales y sintomáticas, palabras o frases que se reiteran que dan a conocer intenciones, deseos o temores de las personas.

Los indicios pueden ser infinitos; la capacidad de servirse de estos indicios, y acertar con lo que se anuncia en ellos pero se halla oculto, depende de la competencia intuitiva de cada sujeto.

Entrenar el pensamiento intuitivo.

La facultad de extraer conclusiones a partir de una pequeña selección de datos significativos no es un don: es una capacidad inherente al ser humano que debemos tomar en serio y aprender a cultivar en nuestro favor. De esta manera, como podemos aprender a pensar de manera lógica y deliberada, podemos también aprender a hacer mejores juicios instantáneos.

Esta capacidad, sin embargo, no está exenta de un margen de error, sobre todo cuando entran en juego los prejuicios, por lo tanto, Tomar en serio la cognición rápida, es decir, reconocer el increíble poder que tienen en nuestras vidas, para bien o para mal, las primeras impresiones, exige que tomemos las medidas oportunas para gestionarlas y controlarlas

Ya hemos comentado que Einstein afirmaba que intuyó la teoría de la relatividad, pero su cerebro no le regaló esta magnífica intuición de forma gratuita. Antes, él tuvo que dedicarse a estudiar noche y día sobre el tema. No paraba de alimentar su cerebro con datos. Su genialidad brotaba de muchos lugares diferentes, uno de ellos era su mirada. Observaba el mundo sin dejar que las teorías anteriores le obligaran a verlo de una determinada manera. Intentemos emular a Einstein, observemos mucho y sin prejuicios. Así nuestro cerebro tendrá el material que necesita para intuir.

En conclusión, una experiencia más amplia nos brinda una base de imágenes mayor por lo cual las impresiones sensoriales que hemos almacenado nos ayudarán a predecir con un mayor nivel de acierto el posible resultado. Tal y como afirma el psicólogo alemán Eric Fromm “Sólo cuando los resultados del conocimiento teórico y los de la práctica se funden en uno, la intuición, se llega a dominar el arte.”


Uno debe abandonarse a su intuición: sabemos más de lo que creemos
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David Lynch