La construcción de la memoria.

 

Podríamos definir la memoria como la capacidad de adquirir, almacenar y recuperar información. La capacidad de memorizar es una parte esencial de nuestras vidas, ya que sin esta capacidad seriamos incapaces de percibir, aprender o pensar, no podríamos expresar nuestras ideas ni tendríamos una identidad personal, porque sin recuerdos sería imposible saber quiénes somos, que es lo que deseamos y nuestra vida carecería de sentido.

La memoria humana no es un proceso objetivo, es decir, lo que recordamos es una construcción que implica aspectos del contexto personal, histórico, social y cultural.

Cada vez que recordamos, lo que hacemos es construir y dar significado a nuestro pasado, o dicho de otra manera, el pasado cambia en función de lo que vivimos en nuestro presente, de nuestros estados de ánimo, valores, normas, creencias, ideologías e imaginarios, que favorecen o dificultan la construcción de determinados aspectos de nuestra memoria. Por ejemplo, si nuestro estado de ánimo es triste tenderemos a poder recuperar recuerdos en los que la emoción predominante era precisamente la tristeza.

Esto ocurre por una cuestión de eficiencia, sería imposible recordar todo aquello que vivimos, por lo tanto sólo una pequeña parte de nuestra experiencia será grabada en nuestra memoria, el resto lo construimos, teniendo en cuenta múltiples aspectos, tal y como hemos comentado.

Por lo tanto, ¿Podemos fiarnos de nuestros recuerdos? Si los queremos tomar como recuerdos absolutamente objetivos la respuesta sería no, tal y como afirma el neurocientífico Martin Conway “Un aroma, una frase, una imagen es lo que suele quedarse grabado en nuestra memoria, pero el contexto, el resto de circunstancias que visten ese recuerdo es, en gran parte, producto de nuestra imaginación”.

Si tuviéramos que recordarlo todo, no podríamos hacer nada.

Martin Conway.