La culpa me persigue (y no soy suficientemente rápido…)

 

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La culpa es un sentimiento que muchas veces puede llegar a contaminar nuestra vida. No está fijado biológicamente, sino que es un producto de aprendizaje social. Esto quiere decir que desde que nacemos, vamos generando un criterio personal que nos hace que se dispare o no.

Sentimos culpa cuando percibimos que hemos ido en contra de una norma socialmente valiosa para nuestro grupo o sociedad. Se entiende que es un mecanismo que condiciona nuestro comportamiento, ya que genera un malestar que nos afecta profundamente: el remordimiento. Esa ‘traición’ puede ser tanto hacia uno mismo como hacia otro u otros. La situación más frecuente es saber que se ha creado un perjuicio que ha causado algún tipo de daño. Casi todo el mundo conoce muy bien el remordimiento, sólo aquellos considerados psicópatas hacen sufrir sólo a los demás sin que les afecte. Hay un porcentaje de la sociedad que ‘hace padecer’ este trastorno, pero la mayoría de las personas se manejan con ella de una forma más o menos adaptada.
jBIk4No hay ninguna manera de librarnos de la culpa en nuestra vida. De una forma u otra, en la vida se cometen errores que es lo más propio del ser humano. Que de vez en cuando uno se sienta culpable es sano y natural, es una buena señal de haber desarrollado un sistema moral. Sin embargo ¿cuándo es realmente un problema? Se pueden hacer dos grupos: los que siempre culpan a los demás y los que siempre se culpan a sí mismos. Estos últimos, acaban generando pensamientos auto-invalidantes que pueden dañar gravemente la autoestima y precipitar trastornos del estado de ánimo. Aquellos que siempre ‘encuentran’ a quien culpar, aparte de tener problemas de relación con su entorno- que puede acabar harto de su ‘dedo acusador’- suelen ser personas menos maduras que están condenadas a no avanzar porque no aprenden gran cosa en el trascurso de su vida.
Cuando hemos cometido algún error, no basta con echarnos o echarle la culpa a alguien. Es un ejercicio muy habitual pero que no soluciona las cosas. Lo primero es encontrar soluciones una vez que algo ya ha sucedido antes de que empeoren sus consecuencias, y en esto no ayudará una larga pelea para encontrar al chivo expiatorio. Cuando algo malo sucede, se debe tomar conciencia de la parte de responsabilidad que pertoca y asumir las consecuencias. Disculparse es la única manera de reparar lo que no tiene remedio. Después hay que analizar las causas y hallar alternativas para que no vuelva a pasar. De esta forma aprendemos de lo malo que nos suceda y producimos algo positivo. Y sobre todo: perdonarse a uno mismo. Suele ser la parte más difícil, pero la única manera de crecer y no de hundirnos sin que ello nos lleve a nada.

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Os dejo este libro que trata de respuestas muy habituales a situaciones de conflicto y errores. Es un libro ameno para reflexionar sobre la manera de asumir los errores y las responsabilidades :

“La culpa es de la vaca. Anécdotas, parábolas, fábulas y reflexiones sobre liderazgo”

Jaime Lopera Gutiérrez y Maria Inés Bernal Trujillo