La homofobia interiorizada

 

El término homofobia fue acuñado por primera vez en 1972 por el psicólogo George Weinberg para referirse a una conducta que denota una profunda aversión hacia los homosexuales (…) así como odio e intolerancia hacia ellos. Ésta se enmarca dentro de un sistema heterosexista al servicio de la preponderancia y normatividad de la heterosexualidad.

Debido a que nos estamos refiriendo a realidades social y culturalmente construidas pienso que resultará de utilidad realizar un breve acercamiento a cómo se han creado dichas realidades mediante el proceso de estigmatización.

Estigma y proceso de estigmatización

Erving Goffman en 1963, introdujo la definición del estigma como un atributo que es profundamente devaluador, el cual degrada y rebaja a la persona portadora del mismo.

Resulta interesante incorporar la propuesta de Lenk y Phelan (2001) en base a que dicho atributo no es “poseído” por la persona sino aplicado por quien estigmatiza, enmarcando el fenómeno en las relaciones de poder. “La estigmatización comienza cuando grupos con poder social, económico y/o político reconocen ciertos rasgos diferenciadores y les asignan un valor negativo que se extiende a toda la persona estigmatizada, consiguiendo un etiquetamiento social a partir de estas diferencias. Este etiquetado lleva a clasificaciones en categorías separadas, que distinguen el “nosotros” del “ellos””.

Herek (1984, 2004) vinculó de forma expresa el concepto de estigma con los fenómenos de violencia y discriminación contra las sexualidades no normativas (Barón, Cascone y Martínez, 2013) desarrollando el concepto de estigma sexual.

Estigma sexual

Entendemos por estigma sexual una “forma de conocimiento compartido, basado en las ideologías socio-culturales que definen la sexualidad, que atribuye un valor negativo a todo comportamiento, identidad, relación individuo y comunidad no heterosexual colocándolos en un estatus inferior a los heterosexuales.” El heterosexismo se puede considerar como la institucionalización del estigma sexual.

La interiorización del estigma sexual es una de las formas en las que éste puede manifestarse a nivel individual e implica la aceptación de dicho estigma como parte del propio sistema de valores por parte de las personas. Esta interiorización se produce en base a la inmersión en una cultura que ha construido las variantes de la sexualidad como categorías definitorias de la identidad social de las personas diferenciándolas y jerarquizándolas dentro de un sistema de relaciones de poder regido por la heteronormatividad. Los mecanismos de poder para la normativización de la heterosexualidad son transversales, abarcando desde el ámbito institucional al individual o relacional, sirviéndose, por ejemplo, de la producción de conocimiento para su legitimación (un claro ejemplo es el hecho de que la homosexualidad estuviera tipificada como “trastorno mental” en el manual de diagnóstico de los trastornos mentales hasta los años 70) . Existe también la cara más visible de dichos mecanismos: el acoso, la violencia, el aislamiento y el desprestigio social (entre otros) hacia las personas homosexuales, expresiones todas ellas de la homofobia.

Se ha procedido a la asignación de atributos devaluadores y definitorios basados en el prejuicio y el estereotipo a las personas insertadas desde el exterior en dicha categoría, lo que ha contribuido a la creación de “realidades” socialmente construidas que acaban siendo interiorizadas como “verdades” por parte de los individuos.

Imaginad que de repente el aire de la ciudad se ve contaminado por un gas tóxico. Los que fueran conscientes de ello intentarían aguantar la respiración para no intoxicarse de ese veneno mientras que los que no fueran conscientes de ello seguirían respirando con normalidad, aspirando la sustancia tóxica que acabaría por pasar a su riego sanguíneo y llegará a todos los órganos vitales, formando ya parte importante de ellos. Los que intentaban aguantar el aire, no podrán hacerlo eternamente. Tarde o temprano se impondría el instinto de supervivencia e inspiraría una bocanada de aire sin poder salvarse de dicha intoxicación.

Hemos respirado una heteronormatividad que ha convertido las prácticas heterosexuales en ese “nosotros” que enfatiza la diferencia jerarquizada del resto de orientaciones sexuales y las sitúa fuera de su categoría asumiendo que es una desviación de lo que es deseable. Alimentada por los prejuicios y estereotipos, se ha procedido a una estigmatización de las personas homosexuales y bisexiales de una forma tan insidiosa como explícita que ha dado como resultado la posibilidad de que las estas mismas personas interioricen actitudes y creencias negativas respecto a su propia orientación sexual. La cascada de experiencias personales y relacionales así como los mensajes culturales y la estructura institucional heterosexistas fomentan que la persona se empape de una serie de creencias estigmatizadoras muy arraigadas respecto a lo que se supone que “es” ser homosexual. Y esto se produce independientemente de la orientación sexual de los miembros que se empapan de esas creencias.

La homofobia interiorizada

En el caso de la interiorización del estigma sexual por parte de las personas heterosexuales, Herek, Chopp y Strohl (2007) lo han llamado “prejuicio sexual” mientras que cuando ésta se produce por parte de personas homosexuales o bisexuales ha recibido el nombre de “homofobia interiorizada”.

Hablamos de homofobia interiorizada cuando el estigma sexual se manifiesta en forma de actitudes negativas hacia la propia orientación sexual por parte de las personas homosexuales y bisexuales a causa de haber crecido en una cultura que estigmatiza a las personas, lo que lleva a una vivencia de su orientación sexual acompañada de reacciones emocionales perturbadoras.

Así, se puede definir la homofobia interiorizada como “la interiorización, por parte de un homosexual, de la violencia simbólica contra los homosexuales” (G.J. Martín, 2016). Esta interiorización da lugar a un conflicto importante por la dificultad de integrar la propia identidad con creencias y prejuicios muy arraigados en el propio sistema de valores, que no siempre son accesibles a través de la memoria explícita sino que forman parte de aquél marco de referencia que hemos construido durante nuestro desarrollo para poder interpretar – y predecir- el mundo.

Gabriel J. Martín (2013), al que he citado en el párrafo anterior se ha dedicado a desarrollar este concepto y su implicación en el proceso de aceptación y expresión de la homosexualidad dentro del sistema heteronormativo imperante.

La homofobia interiorizada puede presentarse en diferentes formas y grados. Como menciona el autor, ésta se puede presentar de forma manifiesta, mostrando una “actitud hostil hacia la propia homosexualidad y hacia la homosexualidad de los demás” pero también sutil, en que “aún sin rechazar la homosexualidad per se, hay una actitud negativa hacia los valores y costumbres de los homosexuales” (G.J. Martín, 2013). Actitudes como no expresar en público aspectos que de un modo u otro supongan exponer la propia orientación sexual de la misma forma que lo hacen las personas heterosexuales, implica cierto grado de homofobia interiorizada, que funciona anticipando las consecuencias sociales negativas de hacerlo. Dicha anticipación está relacionada tanto por la interiorización del estigma sexual como por el proceso de victimización del que las personas sexuales frecuentemente han sido objeto y que tiene un impacto importante en el desarrollo de respuestas defensivas.

Un proceso de toma de conciencia de todas esas partículas que se han respirado durante la formación de la identidad, la desestructuración de mitos, prejuicios y estereotipos, así como la reparación del daño que se puede haber sufrido a lo largo de la historia personal de cada persona mediante la victimización puede ayudar a transformar dichas creencias para una vivencia auténticamente libre de la propia orientación sexual a través de la plena aceptación mediante la resolución de la tensión entre lo que se siente que se “es” y lo que se nos ha enseñado, erróneamente, que “se debería ser”.

Bibliografía citada

Barón, S., Cascone, M., Martínez, C. (2013). Estigma de género: aprendizaje de los modelos normativos, bullying y estrategias de resiliencia. En: Revista de Política y Sociedad, 2013, 50, Núm. 3: 837-864.

Muñoz, M., Pérez, E., Crespo M., Guillén A.I. (2009). Estigma y enfermedad mental. Madrid: Editorial Complutense.

Herek, G., Chopp, R., Strohl, D. (2007). Sexual stigma: putting sexual minority health issues in context. En: Meyer, I., Northridge, M. (2007). The health of sexual minorities: public health perspectives of lesbian, gay, bisexual and transgender populations. New York: Springer.

Martín, G.J. (2013), Quiérete mucho, maricón. Manual de éxito psicoemocional para hombres homosexuales. Barcelona: Roca Editorial.