La ley del espejo: lo que te molesta del otro tiene que ver más contigo que con el otro.

 

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¿Qué es la ley del espejo?

Posiblemente alguna vez hayas pensando por qué tal persona se comporta de esa manera contigo o por qué tiene aquella actitud que tanto te molesta.

Pero aunque le busques todas las explicaciones posibles, e intentes una y otra vez colocar en ella todos los causantes de tu malestar, la respuesta solo la hallarás en tu interior. Aquello que te molesta del otro tiene que ver más contigo que con el otro.

Si te paras a pensarlo te darás cuenta de que lo que te agrada de otra persona suele ser un reflejo de la percepción que tienes de ti misma. A veces es un reflejo directo, porque te gusta del otro una cualidad que tú tienes y que admiras en ti. A veces es un reflejo inverso, porque es una cualidad de la que careces, y por ello admiras a la persona que la tiene.
Lo que no te gusta de los demás, también es casi siempre un reflejo de lo que tú mismo eres. De una forma directa cuando odias en el otro lo mismo que tú eres. Y aún más de forma inversa, porque uno suele odiar a las personas que tienen algo de lo que ellas carecen.

Por otro lado cuando sentimos un rechazo intenso hacia una persona, hemos de analizar lo que eso nos dice de nosotros. Es importante tener presente que los que nos molesta en realidad es un tema nuestro sin resolver. Por ejemplo, puede que no soportemos la irresponsabilidad de alguien porque consideremos que nosotros también hemos sido o somos irresponsables o porque consideremos que estamos siendo demasiado responsables en la vida y nos gustaría comportarnos a veces de manera más libre.

¿Cómo se forma el espejo?

Cuando llegamos al mundo, no conocemos división entre nosotros y aquello que nos rodea. Cuando el bebé se encuentra ante el espejo reconoce en su reflejo su propia imagen. Éste estadio es fundamental para que el “yo” pueda formarse y así afirmar la propia identidad.

Al crecer, de la misma manera que hicimos con el espejo, volvemos a proyectar sobre el otro nuestros propios conflictos, procesos internos, situaciones o sentimientos bloqueados. Esto se conoce como “proyección psicológica” y nos permite, a modo de defensa, atribuir a otros sentimientos, pensamientos, creencias y acciones propias que nos resultan inaceptables.

Por eso, ser conscientes de este proceso de proyección puede ayudarnos a conocernos más, a hacernos responsables de nuestras reacciones.

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