La metáfora del caballo extraviado.

 

El camino al cambio a través de la psicoterapia suele ser un camino con momentos complicados y dolorosos, a menudo se cree que es el o la terapeuta la que marca el ritmo y la dirección que debe seguir este recorrido, pero nada más lejos de la realidad. Es la propia persona que busca el cambio quien debe emprender y guiar ese camino, el cliente como experto en sí mismo es quien lleva la batuta y marca el tempo, contenido y dirección de la terapia. A su vez, la o el terapeuta se encarga de que la terapia siga la dirección que la persona quiere emprender y evita que el equipo que forma cliente-terapeuta se desvié de los objetivos de la terapia.

Para ejemplificar este tipo de terapia no directiva y respetuosa con las necesidades y resistencias de cada persona, Milton Erikson explicaba esta metáfora en sus seminarios:

Un día volvía de la escuela secundaria cuando un caballo desbocado pasó velozmente junto a un grupo de nosotros para entrar en el corral de un granjero…en busca de un trago de agua. El caballo sudaba profusamente. Y el granjero no lo reconoció, de modo que lo acorralamos. Yo salté al lomo…puesto que tenía bridas, tomé las riendas y le dije “¡Arre!”…orientándolo hacia la carretera. Sabía que el caballo tomaría la dirección correcta…No sabía cuál era esa dirección. Y el caballo trotó y galopó. De vez en cuando olvidaba que estaba en la carretera y entraba en un campo. De modo que tenía que tironear un poco y llamar su atención acerca del hecho de que se suponía que debía marchar por la carretera. Y finalmente, a unos seis kilómetros del lugar donde lo había montado, entró en un corral y el granjero dijo: “De modo que es así como ha vuelto ese animal. ¿Dónde lo encontraste?”

“A unos seis kilómetros de aquí”, le respondí.

“¿Cómo sabías tenías que traerlo a este sitio?”,

“No lo sabía…el caballo lo sabía. Todo lo que hice fue mantener su atención puesta en el camino.”

…Creo que es así como se hace psicoterapia.