La necesidad de hacer un impacto

Todos necesitamos dejar una huella en el otro.

A veces, ya sea para bien o para mal.

Cuando se habla de relaciones, la indiferencia nos parece el peor de los males.

Sentir que no tenemos ninguna influencia en los demás y que pasamos inobservados es tan doloroso que a veces nos resulta más difícil de soportar que un maltrato, por sutil que este último sea.

Parece difícil de creer verdad? En realidad es muy natural, porque impactar al otro es una de nuestras necesidades relacionales básicas, entre las descritas por Richard Erskine.

Para conseguir este impacto, a veces hacemos y decimos cosas de las que más tarde nos arrepentimos mucho o actuamos con una impulsividad que nos sorprende a nosotros mismos. Otras veces sucede de una manera mucho más sútil, como en la minuciosa atención que ponemos en las reacciones corporales de los demás cuando estamos contando algo para nosotros muy significativo. Necesitamos por supuesto que nos escuchen pero más profundamente aún necesitamos causar una reacción emocional en el otro. Volviendo a la posible toxicidad de este circuito podemos pensar que hacer enfadar a alguien a veces nos resulta mejor que la frialdad emocional.

Y porque todo esto?

El psicoterapeuta Carl Rogers dijo que el proceso de crecimiento psicológico requiere interacción con el otro y que el crecimiento, a su vez, surge de la sensación de ser capaces de recibir atención e interés por parte de la otra persona, así como influir sobre ella siendo causa de emociones, pensamientos y acciones.

Los niños pueden responder a esta necesidad haciendo lo que sea necesario y más para atraer el atención de los adultos.

Cuantas veces hemos escuchado a los padres decir ” Es un capricho, lo hace solo para llamar el atención!”.

Es posible que sea así pero es fundamental reconocer esta necesidad, tanto para los niños como para los adultos.

Si como adultos que se autoobservan notamos que necesitamos llamar el atención de los demás continuamente podemos preguntarnos que pasó con esta necesidad cuando eramos niños. Lo mismo en los casos de adultos que notan que tiene la expectativa que los otros se quedaran indiferente delante de ellos.

Si esta esta u otra situación nos causa dolor y no conseguimos gestionarla podría ser un buen momento para comenzar un recorrido terapeutico.