La rabia

La rabia es una de las emociones básicas, tal vez una de las que identificamos más rápido y para la que posiblemente tenemos mayor número de adjetivos que describen en qué grado estamos rabiosos.
Su función es básicamente prepararnos para dar una respuesta conductual de defensa o ataque, según sea el caso, defendiendo nuestra integridad (física, emocional, moral, etc) o nuestros intereses (tanto familiares como económicos).
Es una emoción fácilmente reconocible, y parece que es una de las emociones que más problemas produce socialmente, ya que en ningún momento de nuestro proceso de socialización se nos enseña a canalizarla y modularla de una manera eficiente para conseguir una expresión eficaz y que no comporte problemas secundarios.
¿Y cuáles son estos problemas secundarios? Los podríamos dividir en dos grupos. En el primer grupo tendríamos aquellos relacionados con el exceso y en el otro los relacionados con el defecto. En el primer grupo tenemos a aquellas personas que utilizan esta emoción constantemente, de una manera secundaria, esto es, la expresión de la rabia es como respuesta a otra emoción sentida previamente. Así, tenemos personas que se muestran rabiosos/as por sentir miedo, por sentir culpa, por sentir vergüenza, etc. Podríamos decir que la rabia es la emoción con la que se sienten más cómodos. El problema es que no son conscientes de ello y no pueden entender la respuesta de los demás, entrando finalmente en espirales destructivas.
El segundo grupo es el de aquellas personas que no se sienten capaces de construir ninguna conducta basada en la rabia, de manera que la subliman de alguna manera que han aprendido y que les comporta mucho sufrimiento a medio y largo plazo. Generalmente las manifestaciones suelen ser psicosomáticas, como molestias del aparato digestivo (tragan mucho) de la musculatura y los huesos de la espalda (son pilares) o cefaleas (piensan y controlan demasiado). Cuando se muestran rabiosos es después de mucha presión y es una respuesta de descontrol, y la vivencia de ello es muy negativa, generalmente se sienten “culpables de haberse enfadado”, y si la persona sobre la que se han enfadado es manipuladora, conseguirá ahondar más en su sufrimiento. Es algo que, lamentablemente, ocurre en las relaciones de pareja con demasiada frecuencia.
Una de las mejores maneras de aprender a canalizar y expresar adecuadamente la rabia es a través de la escritura, favoreciendo una revisión de nuestros prejuicios, de nuestros miedos y permitiéndonos construir planteamientos más estratégicos y más favorables.
Pero, también podemos aprender a legitimar nuestra rabia, a permitirnos sentirnos así, incluso en aquellos casos en los que quizás no tengamos razón. Ya que de los errores también podemos aprender a modular nuestras emociones.