La responsabilidad.

 

Muchas veces responsabilizamos a los demás de nuestras emociones. ¿Cuántas veces has oído afirmaciones como “Me enfadas, me haces sentir mal o me haces feliz”? De esta manera, le estamos dando la responsabilidad de nuestras emociones a alguien externo a nosotras.

A menudo, buscamos culpables de cómo nos sentimos, pero esta actitud nos complica tomar una perspectiva autónoma y responsable de nuestra propia vida. Nos imposibilita llevar a cabo una adecuada gestión emocional, ya que tampoco permite un compromiso con la asunción de las consecuencias de mis acciones y decisiones.

Por otra parte, también puede ocurrir que nos sintamos responsables de las emociones de los demás, y eso puede suponer una gran carga emocional, especialmente de culpa.

Esto no quiere decir que no podamos manifestar como nos sentimos en nuestras relaciones, es importante hacerlo, pero por potra parte también será importante responsabilizarnos de estas emociones que sentimos, ya que nadie debería tener el poder de hacernos felices o infelices.

Es importante cambiar el foco de atención a nuestro interior, aceptar las emociones que aparecen, tomar la responsabilidad de gestionarlas, y emprender los cambios que consideremos oportunos.

La responsabilidad, implica reclamar como propias nuestras emociones, pensamientos y acciones, significa hacerse cargo de estas acciones y sus consecuencias, significa abandonar las actitudes más victimistas y tomar las riendas de nuestro mundo interior.