La sincronización humana.

El apego entre los/as niños/as y las figuras cuidadoras es una consecuencia de nuestra naturaleza deficitaria, somos la especie más vulnerable de todas las que pueblan la tierra. Nos apegamos a nuestros cuidadores porque les necesitamos, un/a niño/a abandonado/a a su suerte no podría sobrevivir. Por lo tanto, la necesidad de apego cumple una función importante de supervivencia.

Venimos neurológicamente preparadas para establecer vínculos de apego con nuestro/a cuidador/a principal, se trata de fenómeno que podemos observar en todos los mamíferos, pero que en ser humano se vuelve especialmente importante. Es decir, venimos con una predisposición genética a vincularnos con las figuras de apego, por esta razón, los/as niños/as son extremamente sensibles a la reactividad y a la interacción social que perciben del mundo que les rodea. Por lo tanto, durante la crianza, no sólo la presencia física es importante, sino también la calidad de las interacciones que se generan entre la diada cuidador/a-niño/a.

El/la cuidador/a modula y contiene diversos mecanismos de regulación fisiológica, psicológica y social. Toda la relación está caracterizada por la sincronización, el niño/a está preparado para atender a cualquier señal de la cuidadora, y a su vez, ésta responde a las del niño/a.

Podemos observar que cuando los niños/as sienten que el apego se ha fracturado, bien por ausencia real de la madre o bien porque se muestra poco disponible, si está disfunción es crónica, puede afectar de manera perdurable a las vinculaciones futuras como relaciones de pareja, amistades, etc.

Se han realizado experimentos en los que la madre se ha mostrado inexpresiva y poco conectada a los intentos de comunicación y sincronización de su hijo/a, éstos se han llamado “los experimentos de la cara inexpresiva”. En este experimento se observa que ante el inexpresión de la madre el niño/a muestra conductas erráticas, signos de desesperación, llanto y enfado por no poder sincronizarse con las emociones de la cara de la madre que han desaparecido.

En conclusión, nuestro cerebro es una entidad regida por una serie de necesidades muy básicas: la sociabilidad es una de ellas. Así, cuando en nuestro día a día nos encontramos con otras personas nuestro cerebro responde activando ciertas áreas cerebrales. Las personas adultas también necesitamos de esa sincronización con los demás y tenemos que buscar activamente tener estos espacios de conexión y crecimiento.

Imagen relacionada