La sorpresa: la emoción excitante

La sorpresa: la emoción excitante

“Yo no me encuentro a mí mismo donde me busco. Me encuentro por sorpresa cuando menos lo espero.”

– Barón De Montesquieu

¡Sorpresa! ¿Esto no lo esperabas no? Ni se te había ocurrido pensarlo, y ahí está, frente a ti. Es normal que durante un tiempo no sepas que hacer: reír, llorar, gritar, enfadarte… ‘no sé qué decir’. No eres el único, es la reacción habitual ante algo inesperado.

La sorpresa es una emoción básica, eso quiere decir que todas las personas la sienten y que nuestro sistema está ‘programado’ para que de una forma u otra se exprese. La sorpresa surge cuando sucede cualquier evento que no estaba entre las posibilidades que habíamos imaginado, cuando no estaba previsto o algo sucede de forma abrupta.

Durante unos segundos nuestros músculos se paralizan, los ojos se abren y cogemos más aire para que nuestro cerebro pueda captar toda la información nueva y la elabore para pasar a la acción. Es un momento de párate y piensa. Después nuestro cerebro decide si ha sido bueno (nos da alegría), malo (nos entristece o nos da miedo) o no es significativo y nos relajamos.

La sorpresa requiere de paciencia y espacio para permitir que nuestra mente asimile lo sucedido y pueda pasar a otra emoción, para elaborar si lo sucedido ha sido ganancia, pérdida o si es algo amenazador de lo que debemos alejarnos.

Este proceso sucede de forma automática en nuestra vida con frecuencia. En general, cuando nos dan una sorpresa, pensamos en algo excitante y alegre. Pero para muchas personas no es así.

Cuando una persona siente muchas inseguridades en su vida, la necesidad de controlar es una prioridad, y cualquier cosa que se salga de su horizonte de posibilidades es aterradora u amenazadora. De esta manera evitan cualquier eventualidad, lo que supone renunciar a la espontaneidad y su correspondiente relajación.

Nadie puede controlarlo absolutamente todo, la vida consta de tantas variables que siempre nos ‘acaba pillando’. La única manera de ‘estar preparado’ es estar abierto a que algo inesperado puede suceder, y así añadirlo a la lista de posibilidades. Renunciar a la sorpresa evita cosas negativas, pero también resta toda emoción excitante que también da valor a la vida. Prepárate para que la vida te pueda sorprender.

 

La sorpresa: la emoción excitante