Llorar para aliviar la tristeza

Llorar para aliviar la tristeza

“No puedes impedir que el ave de la tristeza vuele sobre tu cabeza, pero puedes impedir que anide en tus cabellos”.

– Proverbio chino

La tristeza viene a acompañarnos a menudo en nuestra vida. Normalmente la reconocemos con facilidad porque nos hace llorar. El llanto es algo realmente mal visto en nuestra sociedad, a casi nadie le gusta llorar y las personas que están presentes cuando alguien llora se ponen muy incómodas. Tienden a repetir “no llores más” como un mantra, como si hubiera una cantidad estándar de lágrimas aceptables. No es así. A nadie le gusta llorar, pero no hay una cantidad excesiva o adecuada de llanto, hay la cantidad que necesitas para aliviar ese peso.

La tristeza es la emoción que se produce ante una pérdida, de cualquier tipo (material, personal, laboral, de salud…) lo que pasa es que a menudo nos cuesta ver el suceso como “pérdida” y nos puede costar entender por qué lloramos.

Muchas veces tiene que ver con la pérdida de una ilusión, cuando nos habíamos implicado mucho en algo que dábamos por hecho, que queríamos con ganas y que no se ha producido. Otras es la clara marcha de alguien de nuestro lado, al que no volveremos a ver.

En todas sus formas, la tristeza es un nudo en el alma que se alivia descargando el llanto. Lo normal es que muchas veces necesitemos consuelo, entendido como compañía, comprensión y paciencia. No hay tantas personas que entiendan que ante la tristeza no hay que hacer “nada”, nada más y nada menos que escuchar y acompañar; todos queremos que se pase para ser útiles, pero no es posible, porque sólo quien está triste puede hacerse cargo de su dolor. La tristeza es un proceso natural que exige pasarlo sin juicio y con respeto, siguiendo el ritmo que cada uno necesite.

No debemos confundir la depresión con la tristeza. La depresión es un estado de desesperanza que resulta patológica cuando no se resuelve bien la tristeza, es decir, no se reconoce, se siente y se respeta. Sobre lo que sucede con la “tristeza no resuelta” os dejo un enlace muy interesante de Eduardo Punset.