La utilidad de la tristeza.

 

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Según algunos autores, la tristeza puede ser un intento por parte de la persona de establecer una conexión o comunicación más profunda consigo misma, con su ser. Es una bajada a los «infiernos» personales, una parada del ritmo de la vida cotidiana para escucharse, un «no hacer» para enterarse de lo que sucede en el interior. La persona necesita estar en contacto consigo misma, volverse hacia dentro, encapsularse para llegar a tocar fondo.

Hasta cierto punto, es necesario aceptar y respetar este proceso, ya que se trata de un proceso universal y natural en el ser humano, tiene su sentido y utilidad, por esta razón los humanos sentimos la emoción básica de la tristeza, como un animal que lame sus heridas para que sanen, la tristeza es curativa. Aunque ninguno de nosotros haya disfrutado al sentir esta emoción, lo cierto es que si la escuchamos podemos aprender mucho de ella.

La tristeza proporciona el momento de detenerse y revisar, un espacio para la elaboración de pérdidas y un tiempo para conectar con una misma. Uno se desactiva, se distancia del ritmo frenético de nuestra vida. Esta tristeza puede propiciar un tiempo necesario para madurar, profundizar, reflexionar y buscar nuevos caminos y nuevas maneras de afrontar la vida. Esa necesidad de aislamiento, de silencio y soledad podemos verlo como un rito de paso, una muerte y resurrección, una transición hacia una reconstrucción interior desde la disolución de las viejas perspectivas.

Este proceso de autocuración puede proporcionar sabiduría interior, la aceptación de los propios límites y de la realidad tal cual es, y, como resultado, un sentido de la vida y los valores personales renovados.

En definitiva, un estado de tristeza puede verse como un estado del que puede brotar algo verdaderamente nuevo. Por lo tanto, cuando sientas esta emoción no trates de evitarla, escúchala, entiéndela, de esta manera será más fácil que cumpla su utilidad y puedas dejarla atrás.

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